A lo largo de su enseñanza, Lacan ha ido modificando la concepción de la angustia y esclareciendo su función.

En la primera enseñanza, se trata de la angustia de castración, señal de alarma ante la pérdida de un objeto.

Al principio del  Seminario 10, la angustia es signo del deseo del Otro. Se abre una vía fantasmática cuyo atravesamiento tiene como resultado una revelación de la verdad de lo que el sujeto es en el deseo del Otro.

Una de las vertientes para explorar la angustia es en relación al objeto. Lacan afirma que la angustia “no es sin objeto”. Ahora bien, ¿de qué objeto se trata? Designa lo que no es especulable del sujeto. El lugar vacío del objeto a puede albergar los objetos imaginarios del deseo que sostienen la construcción fantasmática en cada ser hablante. Despejarlos es tarea del análisis, no sin angustia, pues apunta a lo que está detrás, es decir, a su causa.

La angustia surge cuando aparece algo en  el lugar que debería estar vacio; cuando falta la falta.

En el análisis llevado hasta el atravesamiento del fantasma, la pantalla del fantasma podría ser traspasada en dirección a la castración simbólica, a la no relación sexual.

En el Seminario de La Angustia tiene lugar un gran giro en el sistema conceptual de Lacan, que supone una desimbolización, una nueva estructura de la falta, no significante, irreductible, y en la que el cuerpo está implicado de otra manera.

La vía que se abre es la del cuerpo, la de una pérdida de goce introducida por el lenguaje en el cuerpo. El ser hablante se constituye a partir del “troumatisme”, agujero producido por el encuentro de la palabra y el cuerpo. Es lo que pone de relieve la última enseñanza de Lacan.

Lacan renuncia a la ontología,  con el consiguiente desplazamiento del ser al parlêtre y del deseo al goce.

Es desde esta última enseñanza que tomamos la orientación, incluso en las primeras entrevistas: la angustia,  como afecto de lo real,  no engaña. Esta definición nos pone en la  perspectiva del análisis del parlêtre, donde el cuerpo deviene una cuestión central.

Es la perspectiva de lo real, un real que hace eco con la época, donde lo simbólico se fragmenta ante los envites del goce.  La diversidad de anudamientos subjetivos y el empuje del Uno del goce confronta al sujeto contemporáneo al acontecimiento, momento de encuentro con la disjunción de los tres registros.  El objeto de la angustia sería lo que hay  de real en la exigencia pulsional.  A nivel de la pulsión, el Otro no existe. Lacan situará que el Otro, en lo concerniente al goce, que es real, es el cuerpo.

Es  la angustia como experiencia  vinculada con el goce y el cuerpo.  Aquí la angustia se presenta como un desborde de lo real sobre lo imaginario del cuerpo (1).

Se trata entonces de cómo orientarse en el manejo de la angustia,  como orientación, en la dirección de la cura. ¿La angustia se presenta de un modo diferente según el momento del análisis o lo que cambia es el modo de abordarla? Lo que podemos afirmar es que el tratamiento psicoanalítico de la angustia es bajo transferencia.

Como ya señalaba Miller en Comandatuba (2): “La práctica Lacaniana tiene que ver con la dictadura del plus de gozar que devasta la naturaleza (…)”.  Nos jugamos la partida con los nuevos reales de los que da testimonio el discurso de la civilización hipermoderna, la actualidad de nuestra clínica se encuentra atravesada por “ un real que fracasa, de tal suerte que la relación de los dos sexos entre ellos se vuelve cada vez más imposible, que el “ uno” solo, si puedo decirlo, será el estándar post humano, el “uno” solo para llenar cuestionarios para recibir su evaluación y el “uno” solo comandado por un plus de gozar que se presenta bajo su aspecto más ansiógeno”.

Finalmente encontramos en Lacan (3), la referencia de la angustia como miedo del propio cuerpo, como sospecha de que nos reducimos a nuestro cuerpo. Una definición muy acorde a la experiencia del sujeto contemporáneo: “…la angustia es el síntoma tipo de todo acontecimiento de lo real”. Así convendrá hacer de ella una brújula ya que debajo de la pantalla fantasmática, hay  “ lo que no miente aunque no sea verdad”  (4).

 

 

 

(1) Lacan, R,S,I, Inédito. Clase 10-12-74

(2)Una fantasía. 2004

(3) Lacan, “La Tercera”, en Revista Lacaniana nº 18. Pag. 18

(4) Jacques Alain Miller en PIPOL V. Conclusiones.

 

 

Concha Lechón, Rosa Navarro y Leonora Troianovski