Extracto de “Los paradigmas del goce”, de Jacques-Alain Miller

 

Kepa Torrealdai*

 

Miller presentó “Los seis paradigmas del goce en Lacan” en Los Ángeles (1), en su ciclo de conferencias en Estados Unidos. Después fueron retomados en su curso de Paris “La Experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”, recogidas a partir del Capítulo XIII del 24 de marzo del 1999. Los llamó fotogramas simplificados y recomendaba pasarlos con cierta agilidad para percibir el movimiento.

Hace aproximadamente un año, para la apertura del curso del Laboratorio Clínico de la Antena Clínica de Bilbao, presenté un texto que titulé “Destilado de los seis paradigmas del goce” (2). Éste supone un extracto de aquel, reescrito con la consigna de que “el saber mejor a sorbos pequeños”.

 

PARADIGMA I: La imaginarización del goce. (Seminarios I-IV)

En este comienzo Lacan supone una satisfacción simbólica a través de liberar un sentido que estuviera aprisionado, reprimido. Esto del lado del Sujeto.

Del lado del Otro la satisfacción también sería simbólica y se situaría en la validación, en el reconocimiento de ese sentido.

Entonces dibujamos el eje simbólico de A → S.

Pero ¿Qué hay de las pulsiones, de la investidura libidinal, sus fijaciones, el fantasma, el super yo, el yo? Todo eso tiene un estatuto imaginario. El goce lo encontramos entre a-a´. Es un goce intraimaginario, permanente, inerte, estancado. Este goce emergerá en las rupturas de la cadena simbólica. Todo lo libidinal queda imputado a lo imaginario, queda atravesado como un obstáculo a la elaboración simbólica. Lo vemos en el esquema L de Lacan.

 

PARADIGMA II: La significantización del goce (Seminarios V-VI)

Lacan comienza a arrancar las pulsiones del goce solamente imaginario tanto que las escribe desde el Sujeto simbólico. Así queda la pulsión escrita desde la Demanda ($ ♢ D). Lo mismo ocurre con el fantasma, pasa del eje imaginario de la transitividad a lo simbólico ($ ♢ a). El falo también sufre esta traslación a lo simbólico, cuando dice que “es un significante”. En la Cuestión preliminar (3) recordamos que era imaginario.

Entonces el goce queda significantizado en una cadena significante inconsciente, cuyo vocabulario está constituido por la pulsión. A esto le llamó deseo.

Pero esto “no colma todo el corpus de Freud” porque no da respuesta a cuál es la satisfacción propia de la pulsión, que se reduce allí a una cadena significante. Entonces ¿dónde queda el goce? repartido entre deseo y fantasma.

 

PARADIGMA III: El goce imposible (Seminario VII)

Aquí presenciamos un corte, una ruptura. Se trata del goce real, exterior al orden simbólico e imaginario. Todo el montaje del grafo del deseo con sus pisos era una barrera contra el goce real, una contención. Se trata de Das Ding (la Cosa) del texto freudiano. Tiene un carácter absoluto.

Si en el paradigma anterior funcionaba la tachadura $, como goce significantizado, aquí pasamos al modelo de la vasija de Heidegger. Un elemento que entra de más en el mundo y que produce un menos, un vacío.

Muestra que la ley moral de Kant, enunciado simbólico por excelencia que anula todo goce, es al mismo tiempo idéntico a Das Ding, con el mismo carácter mudo, ciego, absoluto.

Sólo se puede acceder al goce por la transgresión. Recurrirá al goce sádico como flor de este paradigma.

 

PARADIGMA IV: El goce normal (Seminario XI)

Del goce masivo pasará a un goce fragmentado en objetos a. Ya no es un abismo, sino un pequeño hueco. El objeto a es la presencia de un hueco, y se tendrá acceso a él a través de la pulsión que hace una ida y vuelta. El modelo de la relación con el goce ya no es el sádico, es la contemplación. “La obra de arte calma a la gente”, le hace bien.

Lacan articulará el significante y el goce a través del par alienación-separación. La alienación es puramente simbólica, para retomar los términos freudianos se trata de la conjunción de la identificación y la represión.

En una cadena mínima, S1-S2: Un significante representa al sujeto (S1), momento de la identificación, pero a la vez este significante (S1) queda reprimido (represión). El sujeto queda representado por un significante, pero permanece como vacío (Sujeto dividido). En la separación sin embargo el objeto a viene al lugar vacío. La separación conlleva el funcionamiento normal de la pulsión.

Aquí Lacan define el inconsciente como un borde que se abre y se cierra, como una zona erógena. Algo en el aparejo del cuerpo está estructurado de la misma manera que el inconsciente. (4)

La cuestión es que la operación de alienación nos da como resultado un conjunto vacío, podemos buscar a tientas dónde se encuentra ahí una sustancia posible de gozar y no encontramos ninguna.

Para asumir la separación y la introducción del objeto a como respuesta tenemos que sustituir al sujeto por el cuerpo viviente, sexuado y mortal. Afectado también por su relación con el Otro sexo, que se traduce en pérdida de vida que recuperaría introduciendo los objetos de la pulsión.

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PARADIGMA V: El goce discursivo (Seminarios XVI-XVII)

A la unificación de la alienación y la separación Lacan llamará discurso. Hay una relación primitiva de los significantes con el goce. Entonces podemos llegar a la fórmula siguiente: El significante representa un goce para otro significante.

Lacan dice que el significante hace surgir al sujeto, al mismo tiempo que lo fija. Pero ¿de dónde lo hace surgir? Habla de un ser previo, del que el significante hará un sujeto barrado. ¿Qué es este ser previo? Se considera un ser de goce, un cuerpo afectado de goce. De ahí que diga que el punto de inserción del aparato significante es el goce. Entonces el significante es aparato de goce en oposición a la noción de la autonomía de lo simbólico. Abjura de dicha autonomía.

Dos vertientes:

1- Hay mortificación de goce, pérdida de goce, como efecto del significante. No una pérdida natural, de la laminilla ni por la prematuración del estadio del espejo del IV paradigma, sino una pérdida significantizada.

2- Introduce el objeto a como plus de goce. Ruptura con el paradigma III de la transgresión. Lo que opone a la transgresión es la repetición significante, que vale como repetición de goce.

La repetición se funda en un retorno de goce, apunta al goce. Entonces el acceso al goce no será por la vía de la transgresión sino por la vía de la entropía. La repetición está animada por la diferencia entre la falta (-φ) y su suplemento (a). Así presentamos una nueva relación del Sujeto con el goce. El síntoma también cambia de valor. Es la repetición lo que merece llamarse síntoma, una repetición de goce, que dura.

ref k torrealday 2

 Esto tiene consecuencias en el planteamiento de un final de análisis. No es lo mismo un atravesamiento del fantasma como si se tratara del paradigma de la transgresión a, arreglárselas con el síntoma, como se propone aquí.

 

PARADIGMA VI: La no relación (Seminario XX)

Comenzamos con la fórmula de Aún: El significante es el signo del sujeto retomando a Pierce. Introduce la lalengua: la palabra antes de su ordenamiento gramatical y lexicográfico. No como comunicación sino concebido como goce.

Este paradigma se basa en la no relación, en la disyunción entre significante y significado, entre el goce y el Otro, el hombre y la mujer con la forma de No hay relación sexual. El Otro, el NP, el Falo son reducidos a broches, conectores. Entramos en la pragmática de los conectores que suplen la conexión que falta.

Podríamos oponer la no relación al concepto de estructura. La estructura sería S1-S2, El Otro, el Edipo freudiano, “bajo la modalidad del no cesa de escribirse de la necesidad”, del lado de la rutina. La no relación sin embargo está del lado de la invención y cuestiona operar sobre el goce a partir del sentido. La cuestión es que lo rutinario acaba taponando la invención.

Si en 1952 Lacan partía de que Hay psicoanálisis y funciona. El punto de llegada es: El psicoanálisis no funciona. Aquí parte de Hay goce, en tanto es una propiedad del cuerpo viviente.

Entonces disyunción entre el goce y el Otro. Hace surgir al Otro del Otro con la modalidad del Uno. No existe la garantía del Otro del Otro. El punto de partida es el goce del Uno solo. Separado del Otro. Todo goce es goce fundamentalmente Uno, es decir sin el Otro. Así el goce Uno se presenta como el goce del propio cuerpo, goce fálico, goce de la palabra, goce sublimatorio… Es el reino de Un goce.

El concepto de no relación pone límite al concepto de estructura. La estructura es algo escrito, que no cesa de escribirse, rutinario. Y es que la estructura comporta agujeros y en esos agujeros hay lugar para la invención, para conectores que no estaban siempre allí.

Esto no quiere decir que no hay estructura, que todo sea semblante. Pero podemos cerrar diciendo que Hay lo real.

 

 

NOTAS :
1- J.-A. Miller. “Les paradigmes de la jouissance” La Cause freudienne. Revue de psychanalyse. Traducción al español de Margarita Álvarez. Freudiana 29, Ediciones Paidós.
2- https://antenaclinicadebilbao.com/es/destilado-6-paradigmas-goce
3- J. Lacan, “De una cuestión preliminar...” Escritos 1. Ed. Siglo XXI
4- J. Lacan, Seminario XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires 2010, pág. 188

 

 

* Trabajo presentado en el Seminario de lectura y comentario de textos del 27 de noviembre de 2020 de la Antena Clínica de Bilbao, Curso 2020 – 2021, dictada por Mónica Torres y dedicada a las lecciones 3, 4 y 5 del Seminario XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, de Jacques Lacan

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