Encuentro advertido con un síntoma adolescente

María Felisa Caño Montoya*

Grupo de Investigación sobre Conexiones Psicoanálisis-Educación. Vitoria-Gasteiz

La particularidad de nuestro trabajo la situamos en la dificultad que, en ocasiones, presentan algunos adolescentes en aceptar la normas, apaciguar sus miedos e incertidumbres y en establecer vínculos.

Como nos señala Susana Brignoni los adolescentes están tratando de buscar una solución a sus dificultades, a su sufrimiento. Este empeño va dirigido a un otro, buscando hacerse escuchar. Para que esto se sostenga como una voz y no tenga que convertirse en otras cosas, será determinante la respuesta que den los adultos.

En nuestro contexto, el marco educativo, los educadores han de sostener que si dan el lugar, el tiempo y su presencia, si se hacen cargo de eso, será el mismo adolescente el que pueda decidir tomar la oferta y construir algo nuevo alrededor de ella.

Algo de esto se ve en la viñeta que proponemos.

Lucas tiene 15 años. Actualmente cursa 2º de ESO.

En su aula, el profesor pretende dar la clase programada, la que toca, y para ello precisa de un mínimo de silencio en el aula, que los alumnos se interesen por aquello que les está contando y que participen en las tareas que él profesor les requiera.

En clase, Lucas siempre tiene algo entre las manos: un bolígrafo, unas gomas de esas que se estiran, un papel…Y claro, casi siempre se caen, hacen ruido…molestan. No puede tener las manos quietas y cuando está escuchando una explicación desarma y vuelve a armar el bolígrafo, con el consiguiente ruidito.

Aparte de estas actividades manipulatorias también le salen palabras de su boca “puta”, “todos los profesores sois unos hijos de puta”... Y a veces también hace gestos con las manos, hace “peinetas”. Estas lindezas las suele dedicar a otras compañeras del aula o monitoras de comedor...

El curso pasado sacó letras del teclado del ordenador de clase con un bolígrafo, lo introdujo en huecos chiquitos del mismo y a consecuencia de tocar la pantalla de forma insistente, esta se agrietó. Rompe, dicen, tres ordenadores. Esto supuso la expulsión del centro desde mayo hasta final de curso.

Derivado a la Unidad de Psiquiatría Infantil, pudo comenzar un trabajo con una psicóloga que en Octubre de este curso ya puede decir algo de él: “Lucas está lleno de angustia”. “Aquí le ayudamos a poner palabras a lo que le pasa”. “Está asustado, camina pegado a la pared”.

En el Instituto, sale disparado de clase casi en cuanto suena el timbre, tiene movimientos bruscos, va corriendo por los pasillos, se esconde detrás de un armario..., anda como jugueteando.

Cuando acabó el curso y ya no había alumnos, estuvo haciendo un trabajo de limpieza de ordenadores, como medida de reparación. Acudió puntual e hizo correctamente la tarea encomendada. Allí conoció a otra profesora que acompañaba a la técnica de ordenadores que le supervisaba la tarea.

Este curso la clase de Sociales está a cargo de esta profesora acompañante. En la sesión de preevaluación de mediados de Octubre, donde se reúne todo el equipo docente de la clase de Lucas, cuando toca hablar de él la profesora de Sociales dice:
“Yo no tengo ningún problema con Lucas, yo sabía del problema que tuvo y le he puesto al mando del aparatito (el ordenador del aula). Y nos está llevando por el mundo a través de Google earth”.

Después, en otro momento, la orientadora habla con esta profesora y le hace saber que ha hecho un invento muy interesante y que le cuente más...

Están haciendo un recorrido por cada uno de los países de origen de los alumnos del aula, estudiando sus costumbres, características...

Lucas tiene el “ratón” entre las manos y está atento para seguir las indicaciones de la profesora que guían los movimientos que él debe hacer en el ordenador.

Un día, la profesora, mientras está explicando dice “yo necesitaría algo para señalar”, y Lucas responde “UN PUNTERO”. “Pero no sé cómo se consigue eso”. “EN LOS CHINOS” interviene Lucas.

“¿podrías ocuparte?”. “SI”.

Y le dio el dinero, lo compró, trajo la nota de compra y las vueltas.

Sigue el relato y dice que trabajando sobre Argentina comentó lo bellos que son los tangos y lo bien que estaría que se pudiera escuchar música, y Lucas dijo “SE PUEDE”, pero yo no sé -profesora-, “YO SI”.

Ella no sabe cómo lo hace pero está poniendo música a todos los países; “él se ocupa”.

También utiliza preguntas tipo trivial para la clase de Sociales que solía llevar en papel. Lucas le dijo que se podía hacer con el ordenador y ella le contestó que no tenía ni idea de cómo hacer eso y él dijo “YO SI”.

Ahora lo hacen con el ordenador y concluye diciendo que a ella le está funcionando así, que no sabe lo que puede durar, que puede ocurrir algo que haga que se desbarate, pero... Esto es su incertidumbre.

Hay una incertidumbre de qué se hace con eso, que está en todos lados, en el centro y en él mismo. Él no sabe lo que le pasa, no puede pararse, está a merced de lo que se le impone y sin palabras para nombrarlo.

Lucas hace lazo con la materia de Sociales por la forma en que ésta se trabaja en el aula, una forma que propicia la colaboración entre él y la profesora. Él se ajusta a la voz de la profesora y en ese momento se ajusta a las normas.

Como nos señala Susana Brignoni “Los jóvenes, a veces, recurren a la marginalidad cuando no encuentran en el otro de referencia un signo, un gesto que los aloje”

Lucas con su síntoma, llama y así nos hace una demanda. Insistir en la eliminación del síntoma solo nos lleva a fijarlo en él. Dándole un lugar en el otro de referencia, el lugar de auxiliar de la profesora, ha podido pararse, frenar su angustia. Y se produce la magia de conseguir la condición de alumno en esa hora de clase.

Como señala Violeta Núñez tomando a Bernfeld: “El cambio del sujeto es efecto del cambio de lugar. Se trata de ofrecer oportunidades para que el sujeto pueda optar a otro lugar”.

En la clase de Sociales, tiene un nuevo lugar otorgado por la profesora, que está marcado por el saber que él posee, y que es reconocido por ella.

Lucas necesita manipular, encargarse de algo, eso le apacigua la inquietud corporal, el desasosiego. La profesora le hace un ofrecimiento que él toma. Es capaz de no dejarse guiar por la fama que le precedía, por la alerta de estar pendiente de que no rompa nada. Huye del miedo a que pase algo, le da confianza, ha generado un buen lazo con este alumno. Y Lucas enlaza haciendo como de 2º de a bordo, auxiliar de la profesora. Esta, haciendo semblante de no saber, le reconoce su saber y abre los huecos por donde emergen los conocimientos del alumno.

La invención de la profesora de Sociales no ha dejado indiferente al resto de profesores. Así, la de Matemáticas dice “ya puedo no reparar en eso que hace Lucas, puedo no mirar”, desde una posición de mayor tolerancia y respeto del síntoma.

La profesora de Sociales ha mostrado el efecto que puede tener un nuevo reconocimiento de este alumno sirviéndose de lo que él maneja: ordenador, y que le permite tener algo entre las manos que lo calma y dar el paso de castigado por estropear el ordenador a premiado por usarlo, con ayuda del adulto. Nuevo lazo con el alumno que propicia un cambio en su posición.

Lo ideal sería que tuviera un lugar en cada clase. Cada profesor tendría que encontrar su manera. No todo es posible, ni en todos los casos.

 

NOTAS:

- Todas las citas están tomadas del libro “Pensar las adolescencias". Susana Brignoni

 

BIBLIOGRAFÍA:

- Brignoni, Susana. Pensar las adolescencias, Ed UOC

 

*Trabajo presentado en el X Symposium de los Grupos de Investigación del Seminario del Campo Freudiano de Bilbao que, con el título “Normas, incertidumbres, y lazo social”, fue celebrado en Bilbao el 24 de enero de 2015

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