Bitácora

Cuaderno de Bitácora nº 23

Julio 2014

Seminario 7, “La ética del psicoanálisis”
CAPÍTULOS VII al XII
18 - 1 - 2014 - Hugo Freda

El Sr. Hugo Freda se hace cargo de la exposición del segundo apartado del Seminario 7. El título: “El problema de la sublimación”.

Para comenzar, nos cuenta que Miller puso ese título para destacar que el concepto de sublimación constituye un verdadero problema; que no es un síntoma, dice, porque la verdad que oculta el síntoma es otra cosa.

Por otro lado, continúa, el título del Seminario 7, “La ética del psicoanálisis”, también lleva implícito un problema. Un problema que tiene trasfondo, manifiesta. El título no se refiere a la ética del psicoanálisis sino a la del psicoanalista, como portador de una ética. En este punto la responsabilidad del analista está en juego, matiza.

Así pues, el Sr. Freda, para explicar el problema de la sublimación entendida en el interior de la ética del psicoanálisis hace la diferencia entre la concepción freudiana y lacaniana de la sublimación. Freud, nos dice, habla de los diferentes destinos de la pulsión pero hay un problema en esos destinos, que no están orientados de forma estándar. Mientras una parte se ordena como se debe, hay otra que anda dando vueltas. El problema es la parte que no tomó el camino que “anda bien”. El sujeto de “Tres ensayos para una teoría sexual” es un sujeto pulsional, el pequeño polimorfo, el perverso polimorfo, y el neurótico estándar orienta el mundo pulsional hacia la genitalidad. Por lo tanto, lo que está como crítica en Lacan es hacer de la sublimación un orden normativo. Aquello que no se pudo educar, que escapó a las leyes del Edipo, la sublimación como lo que sustituye a lo que no sucedió, eso es lo que coloca al psicoanálisis en un lugar ético.

Pero ¿por qué está en juego la responsabilidad del analista? El Sr. Freda se remite al texto y cita la “pastoral”, el orden natural al que se refiere Lacan para oponerlo al orden pulsional. No hay orden natural porque el significante existe, aclara. La característica de lo pulsional es buscar satisfacción, y la satisfacción no está sometida a una regulación instintiva sino a una regla de realización efectiva, insiste. El orden pulsional que queda libre, que no está tocado por la determinación, lo que está ahí desde siempre, lo arcaico, lo más arcaico, lo que en Freud es hereditario, lo ahistórico, lo que no ha sido tocado por las leyes del significante, lo que existe de por sí. Esa Cosa muda, ese vacío, eso es das Ding.

Destaca Freda que, por otra parte, la Cosa tiene una relación estrecha con la Ley, y que el sujeto sólo puede tener conocimiento de la Cosa por la ley. Es una paradoja esta dimensión de das Ding y su relación con la conciencia moral y, como consecuencia, que ésta sea más exigente cuando la prohibición es mayor.

La Cosa, nos aclara, es diferente del objeto: “das Ding trata de ese interior excluido que, para retomar los términos mismos del Entwurf, está de este modo excluido en el interior” (Pág. 126). Hay un objeto que viene a ocupar un lugar al que no tenemos acceso. Idea fundamental, prosigue, el de la existencia de algo que está en el interior pero fuera de la trama del discurso porque, vuelve a insistir, no todo está tomado por el significante.

Las exigencias sociales no son el campo de das Ding, y nos recuerda que Lacan expresa que “la articulación kleiniana consiste en lo siguiente -el haber colocado, en el lugar central de das Ding, el cuerpo mítico de la madre”. Es pasando por M. Klein cuando Lacan relaciona sublimación y cuerpo. El cuerpo como lugar de la pulsión, y el objeto que ocupa el lugar imposible del objeto perdido de la pulsión. Pero la pulsión está en relación con das Ding en tanto que es algo distinto del objeto. Sólo hay inconsciente porque hay cuerpo, y el cuerpo es el de la pulsión, matiza. Al verdadero inconsciente no tenemos acceso.

Reflexiona el Sr. Freda que la definición lacaniana de la sublimación, “elevar un objeto a la dignidad de la Cosa”, puede entenderse como responsabilidad del analista. La Cosa está dentro del sujeto y el psicoanálisis tiene una ética, una responsabilidad, es una teoría del descubrimiento, y la sublimación se ubica en el registro de la creación de la revelación: vaciar la nada para crear algo. Recuerda entonces los versos de P. Salinas:

“Es que quiero sacar de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo, nadador por tu fondo, preciosísimo”

Inmaculada Erraiz

 


Seminario 7, “La ética del psicoanálisis”
CAPÍTULOS XIII, XIV y XV
15 - 2 - 2014 - Leonardo Gorostiza

Leonardo Gorostiza unió jugosamente la lectura que el año pasado realizamos en el Seminario de Textos de "La ciencia y la verdad" con los capítulos correspondientes a la clase de "La ética del psicoanálisis".

Partió de un deseo: que la clase fuese más bien un taller -donde agujerear el saber del Uno- que una conferencia -donde el saber queda del lado del Uno-. También subrayó que se trataba más bien de una lectura que de una comprensión, como Lacan orienta sus Escritos de manera formativa. Es un modo de forzar al psicoanalista a no comprender demasiado rápido...

Ya entrando en materia historizó las referencias de Lacan previas a la clase: básicamente el "Discurso a los católicos" y "El triunfo de la religión". La religión se inventó para curar a los hombres, para que no se den cuenta de lo que no anda. Ella funciona como causa final, mientras que el psicoanálisis no detenta ninguna clave para el futuro... Sin embargo los psicoanalistas serán solicitados como magos, como dioses o como científicos. La estafa psicoanalítica sería cerrar todo en el campo significante, mas estos discursos tapan o dejan de lado lo imposible: la muerte propia y la relación sexual. Ahí no queda más que tomar cuenta de nuestra posición de sujetos frente a lo real y su encuentro fallido, posición de la que siempre somos responsables.

Se discutió así sobre la responsabilidad del sujeto y su diferencia con el ser: no es lo mismo la insondable decisión del ser que la responsabilidad del sujeto.

También se discutió del lado de la responsabilidad, la del intelectual de izquierdas -bufón que dice verdades de las cuales se siente inocente, como un alma bella- y la del intelectual de derechas -que confiesa ser un canalla sin complejos-. Freud sin embargo no era ni canalla ni progresista, pero era humanitario. Aunque no se trata del humanitarismo ni del existencialismo sartreano. No hay unidad ni buena forma de humanidad ya que en psicoanálisis partimos de la división del sujeto.

A estas discusiones se sumó también una sobre el inconsciente transferencial y real con la que acabó la clase, de modo que tomó bastante la forma de taller con la que Gorostiza orientó el comienzo. Queda pendiente la interesante relectura de la misma cuando sea publicada.

Iñigo Martínez

 


Seminario 7, “La ética del psicoanálisis”
CAPÍTULOS XVI, XVII y XVIII
15 - 3 - 2014 - Jean-Daniel Matet

Estos tres interesantes capítulos que tratan la cuestión de la pulsión de muerte y las barreras del bien y lo bello, fueron comentados por J.-D. Matet. Un comentario que resultó complicado de seguir en algunos momentos a causa de ciertas dificultades de traducción.

Comenzó recordando algunos aspectos de capítulos previos al constatar el estilo de ida y vuelta de Lacan sobre los temas que aborda en el Seminario.

En el capítulo XVI, Lacan reflexiona sobre qué sería la ética del psicoanálisis y se separa de las desviaciones producidas en el psicoanálisis de su época criticando la cuestión de la oblatividad. Lo hace para mostrar la pertinencia de su teoría del sujeto para la ética. Recurre a diversos autores para abordar la cuestión del goce y plantea que Freud no era progresista ni marxista pero que tampoco participaba de los prejuicios de la burguesía. Hay que defender la posición de Freud que no es un burgués tradicional. Hay una transgresión en su discurso. Freud tiene una ética humanitaria pero que incluye la pulsión de muerte. Lacan plantea que hay que construir un más allá de Freud a través de una lectura del deseo. Leer la pulsión hasta su extremo, particularmente la pulsión de muerte. Lacan la utiliza para desarrollar la cuestión de la destrucción humana en la civilización. Recurre también al apólogo de San Martín para dar cuenta del paso de las necesidades a los bienes y al goce. El deseo necesita una cierta transgresión, no es del orden de las necesidades.

Sobre el capítulo XVII, la función del bien, cabe destacar la pregunta de Lacan sobre el bien que el analista persigue con el paciente, qué relación tiene nuestra acción con el bien, con el deseo de curar ya que esto puede extraviarnos. El deseo del analista aparece como no deseo de curar y Lacan propone estar en guardia contra la trampa benéfica de querer el bien del sujeto. Critica también a la IPA que sitúa el deseo como algo del cuerpo natural. No hay bien natural. El bien está relacionado con el placer. En Freud se articula entre el principio de placer y de realidad. Con placer hacemos realidad. Lacan plantea también, refiriéndose a los bienes, que aunque en los bienes hay valor de uso (como en el paño de San Martín) al inicio hay valor de goce. En este punto, Matet recomendó la lectura de "Los seis paradigmas del goce" de Miller que sitúan a este Seminario en el tercer paradigma en el que el goce es imposible.

En el comentario del capítulo XVIII, Matet se refirió a la crítica que Lacan realiza al uso de Freud de la sublimación ya que considera que su enfoque implica su reducción al circuito de los bienes. Lo bello es en Lacan un límite al deseo, detiene y prohíbe el deseo. La belleza hace al objeto inaccesible. El horror se perfila detrás de la belleza.

Lacan había planteado que en esa vacuola central, das Ding, zona prohibida, goce, M. Klein situó los rasgos de la madre y el amor cortés situó a la Dama. El poeta trabaja con los significantes alrededor de das Ding. La obra de arte abre al más allá del principio de placer.

Lierni Irizar

 


Seminario 7, “La ética del psicoanálisis”
CAPÍTULOS XIX, XX y XXI
10 - 5 - 2014 - Fabián Fajnwaks

En esta ocasión contamos con la presencia de Fabián Fajnwaks para trabajar estos tres capítulos. Lacan trata la tragedia de Sófocles, "Antígona", que permite situar el campo que define el deseo, porque se sitúa más allá de toda ética de los bienes. No cede ante su destino, no hay para ella posibilidad de una vacilación; en su Até avanza sin retroceder y está más cerca de los muertos que de los vivos. A diferencia de Creonte, que al final de la obra se deja conmover.

Lacan nos da una indicación, en la página 327, de cómo el psicoanálisis opera en sentido contrario a la tragedia; con el analizante hacemos el camino inverso ya que deconstruimos lo trágico de la vida de un sujeto.

La pieza la podemos leer desde la actualidad; Creonte y Antígona ilustran el "Atolondradicho" y los discursos de la sexuación del Seminario 20. A la protección y la prudencia viril, le corresponde la intrepidez y el descaro femenino; situando a La mujer del lado del extravío.

Antígona aparece marcada por lo que debe hacerse; este principio ético le lleva a la muerte, se trata de un imperativo que no es generalizable a un universal. La Até designa el extravío, es una zona en la que solo se puede estar un tiempo muy corto; límite que Antígona quiere traspasar, cumpliendo el destino de la polis. Y que le lleva a la segunda muerte, que le es negada a Polinice y le es impuesta a Antígona.

Avanza hacia esta Até y es este movimiento el que la hace bella; hay que leer la referencia que Lacan hace a Kant, donde Kant dice que para saber si algo es bello, solo se puede hacer a través de la imaginación; no puede ser más que un juicio subjetivo.

Lo bello es un sentimiento que no permite establecer leyes universales; como lo permite, por ejemplo, la idea del bien. La belleza en cuestión aquí, no es el ideal de belleza. La belleza es la posición de Antígona, posición que no es universalizable, es única; si es bella, es en tanto a que su posición es única.

La lectura de "Edipo en Colona" y "Antígona", le permite a Lacan abrir una vía al deseo, un más allá de donde habían encerrado los post-freudianos al Edipo. El deseo puro lo desarrollará después con el goce.

Lo que el sujeto conquista en el análisis es su propia ley; esa ley se generó en las generaciones precedentes y que es la Até, pariente de la infelicidad porque ocupa el lugar del deseo del Otro.

Solo a partir de aquí se podrá situar, en el análisis, el deseo del sujeto. El hombre agarra el deseo siempre transgrediendo algún límite y el análisis lleva al sujeto a decidir si quiere lo que desea. Esta voluntad se aísla a partir del Otro y deja restos, las marcas del Otro; al contrario de lo que pretende la psicología, nunca es un franqueamiento total.

El fin de análisis no va hacia la muerte, sino al desamparo; ya que es muerte en tanto que nombre del goce.

Esther González

 


Seminario 7, “La ética del psicoanálisis”
CAPÍTULOS XXII, XXIII y XIV
7 - 6 - 2014 - Yasmine Grasser

Yasmine Grasser resume el Seminario 7 con la pregunta ¿Por quién o por qué está usted dispuesto a arriesgar su vida? Evoca los grandes hombres de la segunda mitad del siglo XX, Gandhi, Luther King…, y manifiesta su compromiso existencial que exige un duelo que no es mortífero y que promete la vida. Toma en cuenta la ética del psicoanálisis. Es una elección forzada.

Lo que empuja a Lacan es su certitud. Que el psicoanálisis nos aporta algo nuevo. Realizar su deseo. Ha cernido que la subjetividad está ligada a la identificación y desarrolla que el análisis es una experiencia de deseo por la gracia de la transferencia. Es la perspectiva desarrollada en el Seminario 6. El deseo es el deseo del Gran Otro, es la relación del sujeto a su ser, y ahí se inscribe la sublimación.

La dirección de la cura desemboca en el deseo del analista, y el analista paga su función con un juicio que concierne a su goce. Juicio y sublimación son los dos pilares sobre los que Lacan construye su ética.

El juicio del analista no incluye una promesa. El analista no puede prometer nada: ni la felicidad, ni el éxito, ni el amor, ni la potencia sexual… ¡Por lo tanto! ¡Y sin embargo…!

La felicidad demanda siempre algo nuevo, como lo muestran las éticas tradicionales. En Aristóteles la ética desemboca en una política que se refiere a un orden: el Soberano Bien. Kant rompe con las éticas tradicionales: "Haz de suerte que la máxima de tu acción pueda ser tomada como la máxima universal".

En el psicoanálisis la ética es la búsqueda de una verdad. La verdad de la felicidad está en el goce.

El psicoanalista no promete nada pero no rehúsa la demanda del paciente. No la responde, y no respondiéndola orienta al sujeto hacia una conquista de su verdad. Promesa silenciosa. Un significante enganchado a un segundo significante, y este a un tercero, así, hasta que el objeto petit a se revele.

La ética del psicoanálisis es una ética del forzamiento. Se ocupa de reconocer la falta en ser del sujeto en el corazón de la experiencia.

El neurótico trata de justificar su derecho a vivir en relación a los otros. Va a un analista para encontrar, inventarse razones de ser. El amor y el dolor son razones de ser. La subjetividad se manifiesta en el orden de la justificación.

El deseo del analista apunta a la falta en ser. Que se realice como objeto asumiendo la pérdida de su falta. Este costado absolutista tiene valor de Juicio Final.

Lo que es juzgado es la respuesta a la pregunta ¿Has realizado o no tu deseo? Cada vez que el sujeto ha cedido sobre su deseo se encuentra culpable.

La dimensión trágica de la experiencia analítica es la reacción terapéutica negativa. Resistencia a la dimensión subjetiva que se acompaña de un sentimiento de culpabilidad.

Para Lacan se trata del dolor del ser. Ser nada es el dolor del ser. El Uno del goce que se repite.

La ética del psicoanálisis implica una dimensión donde nuestras acciones se inscriben en la experiencia trágica pero también en la dimensión cómica. La vida huye de lo trágico gracias al significante de la vida. Significante fálico.

Solamente se es culpable del Juicio Último y Final de haber cedido sobre su deseo. Esto conduce a toda suerte de catástrofes interiores.

El deseo que soporta el inconsciente exige que la deuda sea pagada. Los héroes se guían por sus pasiones, los hombres del común nos sostenemos de que se pague la deuda a la vida. Y esa deuda es una deuda de goce.

¿Qué es entonces la sublimación? La metonimia de la Demanda. Un cambio de objeto en sí. Ahí surge la Spaltung. La satisfacción de su división por el sujeto barrado y su repetición.

Angelines Monreal

 


Sesiones Clínicas
CENTRO TERAPÉUTICO EDUCATIVO- ORTUELLA
9 - 5 - 2014 - Francesc Vila

El 9 de mayo de 2014, el SCFBI convoca su sesión clínica en el Centro Terapéutico Educativo de Ortuella, como viene siendo costumbre desde hace 14 años. Con un concurrido aforo, asistimos a la discusión de un caso presentado por María Verdejo, psicóloga y psicoanalista. Francesc Vilá es el docente invitado en dicha discusión.

El caso que nos ocupa en esta ocasión tiene por protagonista a un pequeño de 11 años de edad, diagnosticado de “depresión y trastorno del vínculo”, originario de Latinoamérica y venido a España a la edad de 8 años. Primogénito de unos padres prácticamente adolescentes, la adversidad alcanzó pronto la vida de este niño, quien fue testigo de cómo se iba apagando lentamente la vida de su madre. Tras el fallecimiento de ésta, el descalabro no tardó en hacerse patente. El chico sufría brutales agitaciones en el colegio que lo hacían devolver al domicilio de forma reiterada, ya que el centro se veía incapaz de encontrarle sosiego. A su llegada a España y acogido por su abuela paterna, como había sido deseo de su madre, la situación persistió. Pronto se movilizó su maestra para buscar una ayuda que aliviase el malestar del pequeño, que oscilaba entre el aburrimiento y las intensas agitaciones psicomotrices. Con infinito tiento, se fue abordando este descoyuntado lazo social y este modo de funcionar entre la mortificación corpórea y la agitación psicomotriz masiva. La incapacidad de simbolizar la ausencia y el cuerpo sin vida de este chico, torpe de movimientos, suponían llaves para abordar el problema. Los juegos y objetos transitorios resultaron fundamentales para ir ganándose al chico, que no entendía porque los demás le rechazaban. Se trataría entonces, de tornar al chico sujeto activo de este rechazo, de poner palabras a lo que le pasa, utilizando significantizaciones como la del Lago Ness, ese monstruo que aparece y desparece y al que no teme, y de inyectar vida a ese cuerpo inerte, ahora que ha empezado a coger velocidad como en uno de sus juegos favoritos, "NeedforSpeed". Y es que no debe ser fácil, en esta época postmoderna, acósmica, dice Lacan, ser este chico del ciberespacio aficionado a las nuevas tecnologías que había venido al mundo con el deber de morir en lugar de con la pesada tarea de ser feliz.

Bárbara Gallastegui Amores

 


Sesiones Clínicas
UNIDAD DE PRIMEROS EPISODIOS - LEHENAK URIBE KOSTA
6 - 6 - 2014 - Francesc Vila

El día 6 de junio de 2014 tuvo lugar una Sesión Clínica en la Unidad de Primeros Episodios Psicóticos “Lehenak” de Algorta (Getxo). Allí, Leire García, psiquiatra de la Unidad, se encargó de presentar el caso. El invitado y guía de la discusión posterior fue Francesc Vilá, psicoanalista AME de la ELP y AMP, Especialista en Psicología Clínica y Miembro Asesor de la Consejería de Salud Mental de Cataluña.

Leire presenta a una mujer de 58 años, la cual es llevada a urgencias “por decir cosas extrañas”. Relata un cuadro psicopatológico de referencialidad, desencadenado por la decisión de su única hija de marcharse de casa para irse a vivir con su novio. El mundo se ha vuelto para ella un lugar extraño, diferente, peligroso y angustiante, tanto que se decide un ingreso psiquiátrico, el cual no consigue los resultados esperados.

El establecimiento de una relación terapéutica de confianza permite a la paciente la disminución de su angustia. La comprensión psicoanalítica de la misma, bajo el concepto de la transferencia, permite una guía de actuación con ella, una posición de un Otro diferente. El título del caso podría haber sido “La separación imposible”, ya que esto representa su dificultad principal, al sostenerse principalmente en el registro imaginario del semejante. Así, la separación de su hija hace rememorar la anterior separación de su marido, siendo necesaria ahora la intervención de un tercero, un profesional que actúe “como hija” para ella, pero de una forma diferente. Esto, seguramente le va a permitir funcionar en su vida, y, a la vez, soportar el deseo de independencia de su hija ya adulta. Es decir, que a través de la palabra, la separación se vuelva posible, y el mundo, aunque siga siendo feo e injusto, un lugar en el que merece la pena estar.

Vital Arce

 


Sesiones Clínicas
CENTRO DE SALUD MENTAL DE BASAURI
11 - 7 - 2014 - Montserrat Puig

En esta ocasión, bajo el atractivo título de contingencias traumáticas, el SCFBI reúne a profesionales de la salud mental en el centro de Salud Mental de Basauri, como es costumbre de forma anual ya desde hace algunos años. Brais Pereira, PIR de tercer año del hospital de Basurto es el encargado de presentarnos el caso a tratar, siendo Montserrat Puig, psicoanalista miembro AME de la ELP y de la AMP y Médico Psiquiatra, la profesional invitada para clarificar y trabajar en la discusión del mismo.

Comienza el encuentro con la lectura del caso. Se trata de un varón de 47 años, consultante desde hace 4 meses en psicología, por el regreso del pensamiento en el que quedó atrapado hace más de veinte años, constitutivo de un hecho traumático. Varón de masculinidad débil, la discreción como rasgo distintivo y de elección de su mujer junto con la exigencia superyoica de ésta, son cuestiones que resultan esenciales para la comprensión del caso. Un desfile de modelaje de su mujer en su pueblo natal en el que ésta exhibió de forma impúdica sus atributos más sugerentes, desató la locura, desde entonces ininterrumpida, de este varón tan cuitado con su reputación. Ultrajado y humillado, rememora con incómodo malestar el engaño de su mujer, que no tomó las precauciones necesarias para evitar aquella vergüenza pública. Desde entonces, su pueblo se convierte en un lugar hostil, más aún, maldito, fuente de burlas y de irrisión hacia su persona. Una certeza insoportable con el cariz de ambiente irrespirable, que a la postre, envuelve todas las visitas que se producirán desde entonces a su pueblo. La distancia física ayudará a que la psíquica también se materialice. Sin existir una eclosión psicopatológica avasalladora, esto es, sin poder construirse una elaboración delirante correlativa, los avatares alcanzan su existencia de manera inexcusable: una hija bastarda de su madre, una denuncia de malos tratos por parte de su mujer, una afección física recalcitrante que le obliga a mantenerse fuera del circuito laboral, un sindicato del que es expulsado a modo de juicio preventivo de una condena que no llega… Todo ello contribuye a empañar aún más su malherido espacio mental. El detonante acontece hace escasamente unos meses, cuando su hija es empujada por su madre a un evento del mismo orden que el que ella protagonizó entonces: desfilar como modelo en el tan inhóspito pueblo a merced de miradas desvergonzadas y exponiéndose a los cuchicheos más malintencionados. Intolerable para nuestro sujeto y para su estabilidad psíquica, vemos cómo su tormento se intensifica y se hace más presente que nunca. Acechan entonces, el temor a la prolongación del suceso protagonizado por la madre en su propia hija. La figura de la madre/puta se hace presente a medida que avanza la discusión, acotándose las posibilidades de este caso de psicosis paranoica fallida. Un suceso traumático irresoluble a apaciguar por “ese carácter caprichoso e imprevisible de las mujeres” y la apreciación de que “su hija es aún una niña y no una mujer” junto con la dedicación a un empleo acorde a sus necesidades o la identificación a un grupo ideológico con valores definidos, aparecen como posibles intervenciones balsámicas. Y es que él “quiere a su mujer y a sus hijas”… pues ya nos advirtió Lacan del malentendido entre los sexos.

Bárbara Gallastegui Amores

 


 

Equipo de Bitácora 23

Vital Arce, Inma Erraiz, Bárbara Gallastegui, Esther González, Lierni Irizar, Iñigo Martínez, Angelines Monreal, Ana Zabala (Responsable)

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