Bitácora

Cuaderno de Bitácora nº 29

Curso 2019 - 2020

Seminario de lectura y comentario de textos
Seminario X, La angustia

 

 

ENRIC BERENGUER

Presentación Seminario X, La angustia

16/11/2019

 

Enric Berenguer introduce este Seminario situando un recorrido sobre algunos de sus hitos. Además del trabajo sobre la angustia se trata de un Seminario donde Lacan lleva a cabo un trabajo para formalizar el objeto a. La angustia aparece como un fenómeno clínico del que Lacan se sirve para dar un paso más en su teoría del objeto.

Ya en el Seminario 4 La relación de objeto, Lacan trabaja sobre la angustia y el objeto fóbico tomando el caso Juanito. Sin embargo, hay diferencias cuando la angustia es pensada desde otra perspectiva del objeto, en tanto no significantizable, y que se resiste a su inclusión en lo imaginario. Una construcción de un estatuto distinto del objeto. Un objeto vinculado con lo real que implica una relación con el objeto del fantasma.

Poner en tensión el objeto del fantasma, a partir del Seminario 6 El deseo y su interpretación, con el objeto de la angustia que sería aquello del objeto que no queda reducido por el dispositivo fantasmático. Una inversión. La precedencia del objeto. No el objeto del deseo sino el estatuto del objeto causa; causa de la angustia y objeto causa del deseo.

 

Una estructura compleja

En la página 11 de la edición francesa del Seminario 10, Lacan plantea la relación entre la estructura de la angustia y la estructura del fantasma. A diferencia de la estructura del fantasma, que es un matema, no hay el matema de la angustia. La angustia ha de ser capturada utilizando muchas, y diversas, redes. Es un pez que se escapa y que ha de ser cazado utilizando diferentes redes y aparejos. La angustia no hay manera de pillarla, no se deja atrapar. Probamos a atraparla en la red de los significantes, en el grafo del deseo, pero la angustia se escapa. La angustia siempre está en otro sitio, en un lugar intermedio; entre. Está cerca de lo siniestro pero no es lo siniestro. La angustia, en lo que tiene de real, no puede ser atrapada por ninguna red, y no encaja en ningún concepto. Ella se resiste a tener un matema único, es la razón por la que Lacan le tiende diferentes redes.

Es importante porque a Lacan lo que le interesa, en estos momentos, es la estructura, y esto define su programa de trabajo y elaboración. No se trata únicamente del fenómeno clínico, sino de buscarle a ese fenómeno una estructura. Para la angustia se trata de una estructura compleja, que será examinada desde perspectivas muy diferentes a lo largo de este Seminario. Las relaciones entre la angustia y el deseo, pero también entre angustia y goce, la relación con respecto al sujeto y al Otro, a la demanda y a la dimensión del acto, del pasaje al acto, a la libido, al acto sexual y a la diferencia sexual.

 

De una dialéctica a una topografía

La primera red es el grafo. El vínculo de la angustia con el deseo del Otro. La angustia se sitúa entre los dos pisos del grafo, en el lugar del “entre”. Por otro lado, la dialéctica de la angustia está en oposición con lo que Lacan va a denominar su orografía, que es otra manera de abordar las cosas, es una forma de topografía, que es diferente a la dialéctica. La dialéctica aborda el surgimiento de la angustia en la relación del sujeto con el Otro en la estructura del deseo. Es decir, si bien la angustia surge en una dialéctica, fundamentalmente se la encuentra en una orografía.

En la relación de Juanito en la subjetivación de su deseo, hay un momento dialectico donde Juanito interpreta algo de su propio goce en conexión con el deseo de la madre, aparece la angustia. El sujeto subjetiva algo de la estructura en la relación con el Otro. Lacan trata, en este Seminario, de separar la lógica de la angustia de la topología de la angustia.

En la página 33 de la edición francesa, Lacan habla de Hegel, de donde extrae las fórmulas de la angustia de un discurso que reduce el deseo a la relación con el Otro. No obstante, hay algo del deseo que no puede ser reducido a la dialéctica hegeliana de la alienación imaginaria con el Otro. La angustia nos permite pensar el deseo de un modo no hegeliano. El deseo del sujeto no es el deseo del Otro. Es esta la vía que Lacan trabajará al año siguiente, en su Seminario 11, con las fórmulas de la alienación y la separación, que están anticipadas aquí.

 

La angustia: un afecto des-amarrado

Otro elemento a destacar de este Seminario es la relación de la angustia con otro aspecto de la teoría freudiana de los afectos. El afecto como algo que no se puede reprimir. Hay algo que no se puede reprimir porque el afecto aparecerá vinculado a otra representación. El afecto se desplaza, pero está presente. La angustia es un afecto que no está atado, no está amarrado, está desamarrado. Es decir, hay algo de la angustia que no pasa por el mecanismo de la represión. Una dimensión de real que no se anuda por el significante, que no queda amarrado por el significante.

¿Cómo situar eso desamarrado? ¿Eso desamarrado tiene alguna estructura? Si lo que da estructura es el significante ¿Entonces qué? ¿De qué estructura podemos hablar? ¿Cuál podría ser la forma de dar un estatuto a lo no amarrado para convertirlo, hacerlo entrar, en algo que se pueda situar y localizar?

 

El objeto a en tanto que residuo

Lacan introduce un término importante. El objeto a minúscula en el estatuto de residuo. Es una manera de atrapar la angustia vinculándola con el objeto en tanto que residuo. Lacan ubica este residuo en una temporalidad de la relación del sujeto con el Otro. Una temporalidad que no es la de la dialéctica del deseo; la alienación del sujeto al deseo del Otro. Sino que el sujeto introduce la división en el Otro, y lo que queda como residuo de esta operación es el objeto a minúscula, y surge la angustia. Pasar de un Otro completo a un Otro dividido, y allí queda un resto: “Es el residuo de la puesta en condición del Otro”. Es el sujeto el que extrae algo del Otro, un objeto que ya es de su deseo.

En Subversión del sujeto, Lacan aborda la tensión entre la demanda y el deseo. En la demanda es el Otro el que pone sus condiciones al sujeto, pero en el deseo es el sujeto el que pone condiciones. “Yo pongo condiciones” es lo que permite introducir la operación de separación. El deseo fundado en una operación del sujeto, no del Otro. Descompletamiento del Otro y surgimiento de un residuo, allí está la angustia. Existe una tensión entre el sujeto y el Otro con respecto a las condiciones del deseo.

Lacan aborda otro afecto que connota toda la dimensión de la localización de este objeto que está vinculado con el deseo en una dimensión que no es especular, ni de la demanda de amor. Hamlet y Ofelia. Es a través del duelo, una vez muerta Ofelia, Hamlet recupera algo de sí mismo. En el objeto de deseo hay algo del ser del sujeto. Un objeto no especular pero que está en relación con el ser del sujeto.

 

En la estructura del campo imaginario. La reserva libidinal

Lacan va a trabajar sobre otra forma de pensar el fenómeno de la angustia localizándola en relación a lo imaginario. La angustia como fenómeno clínico que permite pensar sobre las modalidades de surgimiento de la angustia en una articulación en una estructura de lo imaginario, que se añade al planteamiento de la relación de la angustia con el significante.

Lacan piensa la angustia en relación con el campo imaginario a partir de una idea de lo que es la reserva libidinal, como aquello que no pasa al registro especular. El investimiento de la imagen especular tiene un límite; hay un resto que no pasa al plano imaginario. ¿De dónde viene esa angustia flotante que no se puede reprimir?

En el plano especular se abre la posibilidad de un engaño, un señuelo. La angustia surge cuando algo obtura la falta estructural. El sujeto cree saber lo que el Otro quiere. Falta la falta. Se trata de mantener ese vacío. “No sé lo que deseo pero tampoco sé lo que desea mi madre”. Es en este borde, entre la atribución imaginaria de algo que colma lo no representable del deseo del sujeto, que será atribuido al Otro. Surge la angustia y lo siniestro. Lo siniestro deja al sujeto estancado como objeto de goce. Se realiza el goce del Otro.

¿Por qué nos angustian las pesadillas? La pesadilla podemos ubicarla como un fenómeno en el que la dimensión del goce del Otro adquiere una dimensión consistente, el goce del Otro alcanza una representación en la pesadilla, y por eso angustia.

En este lugar de la falta es donde algo puede aparecer. Con respecto a la reserva libidinal, eso que no se inviste en la imagen especular y que permanece investido a nivel del cuerpo propio. Podemos encontrar un afecto depresivo cuando algo de la libido no pasa a la imagen especular. Por otro lado, encontramos un efecto maniaco en el caso en el que la libido pase por completo al registro de la imagen especular. El sujeto puede intentar tratar eso en la relación con el partenaire sexual, por una vía distinta de la especular. Hacer pasar esa libido por el partenaire sexual. La función del partenaire como tratamiento de la angustia. Integrar algo de lo no especularizable del goce.

El engaño del neurótico es sustituir el objeto de la demanda por el objeto del deseo. La tentativa propia del obsesivo como una operación en la cual el sujeto trata de hacerse dueño de su goce atrapándolo en la estructura de su yo. Trata de incorporar el objeto causa en su imagen especular. Intento de reabsorción del objeto causa en un cuerpo que todo él es erecto. Una lógica del goce masculino. Trata de identificarse, no reprimir el goce, y reintegrarlo y hacerlo aceptar por el Otro. Yo tengo derecho al goce. Puedo identificarme con mi goce y reintroducirlo en mi imagen.

 

La función estructurante del vacío

Si la angustia es la aparición de algo en el lugar vacío, la falta de la falta, quizás podamos ayudar a la gente a producir un vacío. Porque el vacío estructura, es lo que da lugar a una estructura que se organiza a partir de ese elemento esencial y central; un vacío. Un vacío que no puede faltar. Es la topografía de la angustia.

El objeto del fantasma contiene su propio agujero. El objeto mismo contiene un vacío. El objeto a no está tan lleno, contiene un vacío en su interior. Restituir, pues, la dimensión del agujero, la función del agujero. La dimensión real del objeto no pensado en términos de castración sino que implica un vacío de otro orden.

 

Cosme Sánchez


 

 


VICENTE PALOMERA

Capítulos I, II y III

14/12/2019

 

Este Seminario es considerado un giro en la enseñanza de Lacan, dictado en un momento decisivo en el movimiento psicoanalítico ya que tiene lugar durante el último año de su enseñanza en el Hospital de SainteAnne en Paris. Es una bisagra histórica, política y también epistémica.

El recorrido teórico que encontramos en este texto llevará a la teorización del objeto asiendo la angustia una vía de acceso a ese objeto, tanto en el plano clínico en la experiencia de la cura como en el plano epistémico.

Usando la metáfora de la mantis religiosa, señala el docente, Lacan descarta que la angustia sea una emoción; se trata de un afecto, un afecto que no engaña. La consecuencia de esto es que la angustia escapa al campo de la psicología o de la neuropsicología ya que no hay posibilidad de establecer una teoría general de los afectos en el sentido universitario del término, ni deducir consecuencias particulares sobre la angustia con aplicaciones prácticas y terapéuticas. La angustia escapa a esta lógica.

También es una referencia a Freud, para quien los afectos son engañosos; la angustia no engaña porque es un afecto relacionado con el Otro, el sujeto está afectado por el deseo del Otro. Para Lacan la causa de la angustia es el deseo del Otro, que siempre es una X, una incógnita que provoca angustia. El límite en el que surge la angustia es el objeto que uno es para el Otro, donde uno no sabe qué objeto es para el Otro.

Lacan pone el acento entre la angustia y lo imaginario, por eso va a abordar la angustia con el esquema óptico. Accedemos a la imagen a partir del A, el sujeto no se ve sino es en el Otro. Hay una brecha entre la imagen y el sujeto, por eso el objeto que uno es para el Otro nos es desconocido.

La cuestión es la tensión entre el sujeto y el Otro, ahí se establece la angustia; es preciso captar bien que la angustia apunta al A tachado, a un goce opaco, oscuro, desconocido.

 

 

Esther González

 


MANUEL MONTALBAN

Capítulos IV, V y VI

18/01/2020

Manuel Montalbán abre la clase diciendo que es un Seminario muy rico y que estos 3 capítulos son como una pista de despegue. Abren “ventanas” en la fachada de la Angustia.

 

IV: Más allá de la Angustia de Castración:

Asimila fantasma y angustia relacionando Sujeto con el Objeto. Aludiendo al grafo del Deseo de la pag 12. El fantasma ($<>a) lo coloca en la bisagra de los 2 pisos, entre S(A/) y s(A). Ahí queda suspendida la pregunta “¿Che voi?” ¿Qué me quiere?. Pregunta desarrollada con el apólogo de la Mantis. De esta manera explica la separación entre A y S, quedando el Fantasma del lado de A.

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Es decir, es necesario el espejo, el reflejo en el globo ocular de la Mantis (Otro), para saber qué es uno mismo para el Otro. Así se indica la relación esencial de la angustia con el deseo del Otro. La angustia no es una emoción, es un afecto. En el afecto se trata de recuperar algo del cuerpo, tomando un objeto no especularizable. Hay un límite en la investidura especular. No todo el investimento libidinal es especularizable, tanto que el falo se escribe como (- phi). Entonces la angustia surgirá cuando algo aparezca en el lugar que debería estar vacío. Es decir en el lugar de -phi. Cuando “a” (lo no especularizable) aparece en el lugar de -phi surge la angustia. Aquí nos encontramos con la angustia de castración en su relación con el Otro.

¿Qué es lo que hace el neurótico con su castración? Hace de su castración lo que le falta al Otro. Es decir, hace de su castración la garantía de la función del Otro. En la neurosis se consagra la castración en la existencia del Otro, en completar al Otro. Franquear este punto podría ser la bisagra del paso del discurso del amo al discurso del analista.

Con la relectura del texto freudiano Lo ominoso, puede entenderse mejor, de qué se trata el “a” que aparece en el lugar de - phi. Así la imagen especular adquiere la imagen del doble, totalmente inquietante.

Con la función reflexiva de A como espejo hace una diferenciación de los fantasmas perverso y neurótico. El neurótico usa su fantasma para recubrir la angustia, haciéndose pasar por ese objeto “a” en forma de un postizo. Habla de un uso falaz del objeto en el fantasma neurótico. Con su fantasma por ejemplo en el sueño de la bella carnicera, se consigue trasladar al Otro la función de “a”. Es decir la demanda.

Finalmente nos recuerda que Freud definía la angustia como una señal ante la pérdida de un objeto. Pero Lacan aclara que no se trata tanto de la falta de objeto como de su inminencia, de que no haya intervalo. La angustia sucede cuando falta la falta, cuando la relación sobre la cual se instituye el deseo se perturba.

 

V Lo que engaña:

Montalbán nos indica que ahí hay una referencia clínica fundamental, siguiendo a Lacan, no dejarnos llevar por la vía falsa, por ejemplo: fortalecer su déficit, fortalecer la autodefensa, tranquilizar, empoderar… Todo esto estaría en las antípodas del psicoanálisis, y que la cura en psicoanálisis vendría por añadidura.

Lacan nos recuerda que suponer un sujeto consciente de sí, transparente, el Selbst-bewusstsein, es una fuente de error. Porque esta supuesta transparencia se circusncribe del estadio del espejo, de la imagen del cuerpo, y existe un resto no imaginado del cuerpo, no especularizable que es lo que viene a manifestarse en el lugar de la falta. Al no ser especular es imposible situarlo, balizarlo y surge la angustia.

Hablando sobre la angustia que es experimentada en la pesadilla explica que esta angustia es el goce del Otro. El íncubo o el súcubo que te aplasta con todo su peso opaco de goce extranjero. Aclara que además del peso del goce es un ser que interroga. De la misma manera que la Esfinge en el Mito de Edipo. Así la pregunta aporta la forma de la demanda. Se trata de un significante que interroga. Lacan explica que el humano es el único animal que hace huellas falsas, es decir produce significantes, ahí donde hay una intención de engaño hay un sujeto hablante. De esta manera Lacan señala de la falsedad de la demanda del neurótico, que la demanda siempre tiene algo de engañoso, respecto a lo que supondría el deseo. Entonces el colmamiento de esta falsa demanda acarrea la angustia. Matematizandolo sería de $<> a → $<> D, del fantasma a la pulsión. La Demanda (D) toma el lugar de (a).

 

VI Lo que no engaña:

En cuanto a la estructura de la angustia Lacan muestra que de la misma manera que el espejo tiene sus límites la angustia también está enmarcada. Por ejemplo en el sueño del Hombre de los Lobos aparece la visualización de los lobos a través del marco de la ventana. Los lobos serían los significantes, que podrían producir una familiaridad engañosa. La angustia es súbita, presenta un corte en cuanto al significante que engaña. La angustia es este corte, y es falso decir que carece de objeto. Es el surgimiento de lo heimlich lo que constituye el fenómeno de angustia. La angustia no es la duda, la duda podría ser el tratamiento para combatir la angustia. La duda vendría a evitar lo que en la angustia es certeza. De ahí que actuar sería arrancarle a la angustia su certeza.

Entonces siguiendo a Montalbán ¿Cómo se le arranca a la angustia su certeza? Deconstruyendo la demanda. Yendo más allá del desciframiento significante. Se llega a lo que carece de representación, que sería lo que engañaba. Es decir del significante al “a”.

 

 

Kepa Torrealdai Txertudi

 

 


MONTSERRAT PUIG

Capítulos VII, VIII y IX

15/02/2020

 

En la clase de febrero la docente Montserrat Puig se hace cargo de los tres primeros capítulos del apartado segundo del Seminario 10, La Angustia”. El título de este apartado, “Introducción a la Cosa”.

La docente inicia la clase recordando cómo Lacan en este Seminario retoma la problemática en torno al objeto del deseo que ya trató en el Seminario 4, “La Relación de Objeto”, y en el Seminario 7 ,“La Ética”. Si en el Seminario 4 la cuestión del objeto fóbico aparece como un tratamiento para la angustia, en el Seminario 7 Lacan problematiza más el objeto porque lo implica en diferentes registros. Uno de ellos es el objeto como Real (das Ding): es lo más íntimo de un sujeto aunque ajeno a él, lo excluido en el interior, éxtimo. La docente añade que Lacan siempre mantiene que no hay acceso directo a lo Real. Otro de los registros es el de los objetos del deseo de los registros Imaginario y Simbólico. Continúa Montserrat Puig diciendo que Lacan en el Seminario 10 reintroduce das Ding en el funcionamiento del deseo y que, con el objeto “a”, Lacan fragmenta das Ding. Las diferentes formas del objeto “a” permiten acceder a algo de lo Real, Real que presentará como resto de la operación simbólica. El objeto “a” como lo que excede a lo imaginario especular y lo simbólico que divide al Sujeto.

Continúa explicando la Sra. Puig que en este Seminario el objeto “a” ya no es del registro Imaginario, está en el límite de la imagen especular y también es un objeto que excede lo simbólico del falo. Es en ese corte, en esa hiancia, donde el sujeto se constituye como falta, y es el lugar donde aparece la angustia al ser insuficientes la imagen y el significante.

Prosigue explicando que Lacan en estos capítulos avanza en su búsqueda del límite de lo Simbólico porque quiere encontrar lo real del corte en el cuerpo. No le interesa el objeto del deseo sino el objeto como resto de la constitución del Sujeto en el Otro, resto que divide al Sujeto y al Otro. El objeto no está delante sino detrás, el objeto que causa el deseo. Si bien el Sujeto es siempre efecto del significante, falta añadirle el objeto, dar cuerpo al goce. ¿Cómo anudar el significante al cuerpo del sujeto? Esa es la pregunta del Seminario, y Lacan lo hace a través del objeto “a”.

En este seminario Lacan se plantea como objetivo averiguar cuál es la condición fija que permite desear. Con este fin pone la mira en la perversión fetichista. En el fetichismo el objeto “a” siempre tiene que estar en escena. El objeto fetiche es la condición del deseo y el que permite que la libido se sostenga. Sin embargo, en el par sadismo-masoquismo el sujeto bascula entre el lugar de sujeto y el lugar del objeto.

¿Qué tienen en común el sadismo y el masoquismo? Ambas comparten que necesitan un escenario, una ficción. Esa condición fija, ese escenario condicionan al sujeto. Aquí tampoco hay acceso directo al goce, nos dice la docente. ¿A qué apunta el deseo sádico? No a producir dolor, lo que busca es provocar la angustia. No sólo divide al masoquista sino que lo anula como sujeto y lo bascula hacia el objeto. El sádico se convierte en instrumento de esta anulación. Parece un amo dominando y no es más que un instrumento ¿Qué objeto encarna el masoquista? No es una pura posición de objeto porque el objeto queda velado, el objeto causa no aparece en escena . El contrato masoquista es un contrato entre dos objetos. Lo que busca el masoquista es su identificación con el objeto común: uso y desecho. No hay ninguna posibilidad de acceder al objeto. Escamotean y velan el objeto “a”. Son modos de hacerse objeto velando el objeto.

En cuanto a la relación del Sujeto con “a”, rescata el caso Dora para desarrollar la diferencia entre el Pasaje al acto y el Acting out. En Dora, explica Montserrat Puig, el Pasaje al acto es el momento en que Dora es expulsada de la escena que tenía con los K. En el Pasaje al acto, nos dice, el sujeto se precipita al mundo sin el asidero del fantasma identificado como objeto de desecho. El Acting de Dora reside en el vodevil en el que participa y en el que da a ver algo.

Para concluir, la docente agrega que entre el acting y síntoma hay una homología estructural: “a” está en ambos. Se diferencian en que el acting llama a la interpretación del Otro y el síntoma no llama a ninguna interpretación. Sin el analista, el síntoma no es más que una máquina de goce. Con esta frase finaliza la clase de hoy Montserrat Puig.

 

 

Inmaculada Erraiz

 


M.- H. BROUSSE

Capítulos X, XI, XII, XIII y XIV

06/05/2020

 

En esta clase M.- H. Brousse ha trabajado cinco capítulos pertenecientes a los apartados “Revisión del estatuto del objeto” y “La angustia entre goce y deseo” tratando de buscar un hilo conductor de todo ellos, en la oposición entre neurosis y perversión a partir de la noción y del uso del objeto.

Objeto que está aislando, inventando, porque el objeto a lo inventa en el Seminario X, donde pasa del pequeño a de la relación especular a lo que él mismo tituló su invención, el objeto a. Objeto que se distingue del objeto imaginario y del objeto simbólico. Tiene como origen y se destaca del a del semejante y del gran Otro. Es un tercer a con una consistencia muy distinta.

Lacan trabaja la cuestión de la hiancia, el hueco y la falta. Y va a distinguir entre los tres términos el que pertenece más al objeto. Introduce el toro, diferenciando dos huecos: uno reductible y otro irreductible. El objeto a cae del lado de lo irreductible. De lo que no se puede reducir por el significante. Y en la angustia aparece la dimensión de lo real frente a lo simbólico y a lo imaginario. En el momento de inventar el objeto a tiene la necesidad de poner lo real como categoría, de poner una triada en el centro del análisis. La triada real, simbólico, imaginario es una suplencia al padre del Edipo. Y podemos ver que entramos en el momento de la suplencia.

M.- H. Brousse se pregunta por qué entre neurosis y perversión Lacan encuentra materia para inventar el objeto a. La falta no se puede agarrar más que por intermedio de lo simbólico. Entonces para hablar de falta en lo real hay que pasar por lo simbólico. Así lo real aparece como lo que no se puede localizar en lo simbólico. No hay acceso directo a lo real o aparece como un hueco. Pero para aparecer como un hueco tienes que tener un conjunto.

Entonces como somos en tanto que sujetos en el Otro, no se puede pensar un sujeto sin la representación por un significante para otro significante, no tenemos acceso a lo real.

El problema para Lacan es cómo inventar un objeto que pueda afectar al ser hablante pero de manera distinta de los efectos de significante, que son efectos de representaciones. En todo el psicoanálisis hay un problema de tener juntos el sujeto hablante y hablado por el discurso del Otro, por el Otro de lo simbólico y el objeto, con la cuestión que el sujeto mismo puede volverse objeto para un otro sujeto. Y tenemos a Anna Freud que toma la perspectiva del sujeto y a Melanie Klein que toma la del objeto. Y el intento de Lacan es buscar las fórmulas que permitan pensar juntos el sujeto y el objeto. Y en estos capítulos moviliza la topología, la lógica y la clínica para inventar lo que no existía en psicoanálisis.

El objeto a tiene como primera representación el libro que falta en su lugar. La consistencia del objeto a es una consistencia de falta. Es una manera de poner al reverso el volumen que falta, de tornarlo, haciendo de lo que no está, lo que hay como objeto. El objeto se agarra por su ausencia.

“La falta es radical para la constitución de la subjetividad. Cuando alguna cosa accede al saber hay algo perdido” Y esa cosa perdida es un trozo de cuerpo. La materia con que se hace el objeto a es un trozo de cuerpo. El objeto a tiene como primera definición un trozo de cuerpo perdido, en la asunción de la imagen.

En el capítulo X califica la falta a partir del cross-cap. Una falta a la cual el símbolo no suple. Esto permite a Lacan introducir y desarrollar lo real. El objeto a es algo que se pierde. No es del lado imaginario, tampoco de lo simbólico como una falta en el Otro. Es algo que se pierde. Y eso implica un límite de lo simbólico en psicoanálisis. Y también en la experiencia analítica. Un límite a la interpretación y a la transferencia analítica. El objeto a nos abre a lo que es la diferencia entre el inconsciente descifrable y el inconsciente real, que tiene que ver con el cuerpo hablante.

Aquí tenemos la transferencia a partir del objeto a y no del Otro mayúscula. Tenemos que tomar a nuestra cuenta el pequeño a, porque el objeto en tanto es causa de la falta en ser del paciente es extranjero al sujeto quien nos habla.

Lo extranjero al sujeto que es el objeto, lo pone en el analista. Y eso es totalmente nuevo en la concepción de la transferencia. Esto hace del analista el éxtimo, porque el objeto a no pertenece al sujeto, es lo más extranjero del sujeto al sujeto.

El punto de capitón en el capitulo XI es la noción de huella, que hay que diferenciar de significante, signo o señal. M.H. Brousse nos da como trabajo de lectura definir el significante, definir el signo, definir la señal y definir la huella.

En el capítulo XII, después de haber definido lo que es una señal, define la angustia como señal. Entonces el lazo de la angustia con lo real es señal. La angustia es una señal. Y encontramos el esquema de la división subjetiva, que da lugar a la fórmula del fantasma, pero que aquí da lugar al sujeto tachado equivalente al pequeño a sobre el significante.

Esta escritura le va a permitir después la escritura de los discursos. Y también posicionar la angustia entre el deseo y el goce.

Hay en este capítulo también una clínica diferencial entre el sadismo y el masoquismo, y también una reflexión sobre la estructura de lo que es una perversión. Hay también algo muy interesante sobre la memoria y el olvido y una definición sobre el objeto caduco. Y termina con los dos estatutos del objeto a. Cuando tiene un valor fálico y cuando le viene el menos phí, que es un desecho insoportable.

El último capítulo nos introduce a lo femenino. M.- H. Brousse lo hubiera titulado “La angustia a parir del género o La angustia generada” lo que implica la generación y el género. Porque lo femenino no es propiedad de la mujer, tampoco del hombre. Es algo que es distinto.

A propósito de lo vacío, porque lo vacío tiene que ver con la sexualidad femenina, le permite a Lacan decir, a la mujer no le falta nada, y eso permite un cierto feminismo de Lacan.

Y en este capítulo tres cosas importantes: un maravilloso caso de Lacan para demostrar qué es el amor y el objeto a como mirada. Es un Lacan feminista cuando dice que el masoquismo femenino es un fantasma masculino, y donde el modelo de la relación entre hombre y mujer, como la ve a partir del fantasma. Y con el fantasma de Don Juan, habla de la posición masculina calificándola como una impostura radical. Ponerse en el lugar de un Otro para ser el Otro absoluto. Al contrario cuando una mujer se encuentra en el centro del deseo de un hombre, fuga. Porque lo que le interesa a ella es ser amada, no ser deseada, o tomar el deseo como signo de amor.

Para terminar un hermoso trozo a partir de lo que es la cesión, el corte. Se trata de deducir la antinomia, el lazo entre perversión masoquista y perversión sádica.

 

 

Angelines Monreal

 


PALOMA LARENA

Capítulos XV, XVI, XVII y XVIII

06/06/2020

 

Paloma Larena dictó la clase del Seminario de Textos correspondiente a las clases XV, XVI, XVII y XVIII del Seminario X de J.Lacan. Pese al inconveniente de tener que conversar vía digital y los ocasionales problemas técnicos, pudimos seguir su fina lectura paso a paso. Rescato alguna de las pinceladas que dio a lo largo de los capítulos correspondientes, partiendo de la puntualización general sobre este seminario X: es una muy importante innovación teórica en la enseñanza de J. Lacan.

El capítulo XV lleva por título “Un asunto de macho” y hay en él un elogio a la feminidad. En contra de la anterior doxa psicoanalítica "a la mujer no le falta nada". El macho trata de encontrar en ella su propia falta, pero ese no es sino su propio fantasma. El capítulo también apunta a las mayores facilidades de la posición femenina frente al deseo, tesis apoyada con el comentario de un caso de Lucy Tower, que desarrolló P. Larena.

El resto de capítulos abre la serie titulada “Las cinco formas del objeto a minúscula”. En el XVI, “Los párpados de Buda”, toma fuerza la tesis de que el objeto a tiene un estatuto anterior al Edipo. Hasta este seminario la ley y el deseo tenían un mismo objeto, pero aquí ya se produce la diferencia crucial entre la separación y la castración. P. Larena nos recuerda que el cuerpo en este seminario no es imaginario, es un cuerpo donde hay siempre algo sacrificado: se trata de la libra de carne. Así, la separación con cualquier parte del cuerpo se convierte en simbólica para el sujeto, en relación con el cuerpo propio. No se trata pues de la transgresión ni de la prohibición (drama de la castración), sino de la separación orgánica.

Comienza así la lista de objetos separados, separables. En el capítulo XVII, “La boca y el ojo”, Lacan añade dos objetos a la lista de Freud, la mirada y la voz; objetos que despliegan la función de la causa. Lacan busca el corte y los bordes, tratando las separaciones fisiológicas. Habla así de los labios, los dientes y la lengua en torno a la pulsión oral; o del corte en la copulación del lado de la detumescencia del órgano en el orgasmo. En cuanto al ojo, diferencia el objeto mirada de la función de la mirada. La función de la mirada nos protege, hace que el objeto a no aparezca, por ejemplo, en la contemplación, en la fusión fascinada ante lo que se mira. En este caso es la mancha la que aparece como un objeto separado del cuerpo, ubicando el objeto a en el exterior. La mancha es la parte del sujeto puesta en el exterior, la que nos mira y que deviene real, produciendo la angustia.

Para concluir la clase, en el capítulo XVIII, “La voz de Yahvé”, J. Lacan se ocupa del objeto voz, como objeto a que no pertenece al registro sonoro, fuera de sentido. La voz separada de la palabra. En su desarrollo, critica la el artículo de T .Reik ya que en el shofar no se trata de la voz de Dios, desplazada al cuerno, sino de un objeto anterior. Dios es secundario al objeto a, es un mero señuelo: de ahí la posterior pluralización de los Nombres del Padre a la que nos abre este capítulo. Se trata de acceder a un objeto anterior a la constitución de la ley, un objeto real.

Como lecturas adicionales a estos capítulos P. Larena aportó el seminario de J.A Miller " Los divinos detalles", concretamente el capítulo “¿Cómo lleva la castración al goce?”. Sirve de ayuda para situar la castración primaria, anterior al Edipo. El Edipo no puede dar cuenta de la castración por que ya está ahí: basta con escribir DM (Deseo de la Madre) para indicar que la significantización del goce ya se ha realizado. También sugirió un cuento de Italo Calvino titulado “La espiral” del libro “Las cosmicómicas”. La protagonista, una babosa, de cuenta del origen del ojo, que estructura el espacio a la vez que es excluido del mismo. Por último, para el último capítulo, mencionó un artículo de J.A Miller publicado en Freudiana 21:“Jacques Lacan y la voz”.

 

 

Iñigo Martínez

 


MARIA LAURA TKACH

Capítulos XIX, XX, XXI y XXII

27/06/2020

 

Mª Laura Tkach inició la clase del Seminario de Textos con un breve recorrido del Seminario X, rescatando algunos de sus conceptos básicos:

- Las cinco formas del objeto a.

- La función del psicoanalista como objeto-causa del deseo del sujeto.

- La angustia como afecto que no engaña, al ser señal y vía de lo real, afecto por el cual el serhablante se encuentra posicionado como objeto. No hay sujeto sin angustia; es la condición existencial del serhablante.

- La angustia no ha de ser curada, sino atravesada, para acceder al objeto a (real).

- El objeto de la angustia es indisoluble en el significante.

Lacan pone de relieve la falta, relacionada al cuerpo, y no sólo al significante. Por eso las operaciones de corte (partición).

La angustia de castración, -f ,ocupa un lugar central. En el hombre la angustia se encuentra ligada al no poder; la mujer, menos sujeta a la angustia, está más expuesta al deseo del otro, se angustia porque no sabe lo que es para el otro (lo que el otro desea de ella), angustia que la deja perdida. Se defiende de esa angustia poniéndose como objeto del deseo del otro para calmarlo/colmarlo, y después se angustia por ser objeto del otro. Ofrecerse como objeto no la salva de la angustia.

Lacan: ubica en la mujer la angustia en relación al deseo del Otro, confrontada a Otro faltante.

La mujer no está colmada por el objeto (falo) como el hombre. El falo para ambos hace obstáculo al goce.

El falo, objeto por excelencia del deseo, no lleva a la realización de la satisfacción. La zona donde hombres y mujeres son conducidos por sus deseos, donde podrían coincidir, está caracterizada por una falta (-f), impedimento.

No hay que confundir el goce con los instrumentos de la potencia (falo), que está en todas partes, menos en el acto sexual. Mejor que no esté para poder acceder a un goce.

El goce es posible en el menos, en el a generalizado, más allá o más acá del deseo.

El a no está hecho para la unión sexual, para ninguna unión porque no está hecho para el intercambio, es individual, segregativo, segrega a cada uno en su propio goce.

Génesis del a: es el resto de la operación en la que el sujeto se constituye en su relación con el Otro.

 

 

Ana Zabala

 


FABIAN FANJWAKS

04/07/2020

 

 

Dedica su clase a los dos últimos capítulos del Seminario sobre la angustia apoyándose en la referencia al seminario inexistente titulado los nombres del padre, que vendría a continuación. Es decir, que el trabajo de Lacan sobre el objeto pequeño a, desarrollado en el Seminario de La Angustia, reformula la teoría lacaniana sobre el Nombre del Padre, multiplicándolo. La presencia del objeto a como plus de gozar permite a Lacan arribar a los nombres del padre, reformulando el NdP como significante privilegiado que anuda los tres registros, Simbólico, Real e Imaginario.

 

Emoción y turbación

En estas dos clases tenemos la diferencia entre emoción y turbación, articulada a la clínica de la neurosis obsesiva. Inhibición, síntoma y angustia en relación a la dificultad y el movimiento. Es un trabajo muy original. La emoción -emovere- algo que saca al sujeto de sí mismo hacia el exterior. La turbación, termino más general, las afecciones, lo que afecta a un sujeto, revolucionándolo, provocando manifestaciones revolucionarias en las calles.

En el obsesivo, a partir de las manifestaciones de la turbación, el objeto pequeño a se manifiesta como algo que se desprende del cuerpo. Para Lacan se trata de cernir la presencia del objeto a, en el deseo y en la angustia. La angustia la determina, suspendida en relación a la causa y por otro lado, tenemos las manifestaciones. Lo que causa y la manifestación. En el hombre de los lobos tenemos la defecación como el objeto que se desprende del cuerpo. Confrontación en la que el sujeto cede una parte de su cuerpo, una cesión. Dejar una parte del cuerpo, responde a la angustia confrontada con la castración en el Otro.

 

Formas del objeto pequeño a

Podemos ubicar la frustración y la angustia del destete en la que el sujeto cede el seno que le pertenece. Se trata de despegarse de esta parte del cuerpo que le es propia, el seno. Se separa. Este objeto que cede puede ser reemplazado por la madre, la nodriza o un objeto mecánico.

En Winnicott tenemos el objeto transicional. El espacio transicional se construye, por el sujeto, en el momento en el que se rompe la ilusión de completud del objeto. Creando un espacio intermedio entre el sujeto y el Otro, un espacio que no pertenece ni al niño ni a la madre; es una zona tercera. Se trata de una posible elaboración entre el niño y la madre, que dará lugar a un objeto y al juego como producción del sujeto en esta zona en la que el Otro se ha ido. Este objeto viene a ocupar una nueva función, un goce acotado. Un trozo del cuerpo separable del mismo que vehiculiza algo de la identidad del propio cuerpo. El sujeto reconoce algo de sí mismo, pero separado.

 

Un órgano separado del cuerpo

De manera que podemos advertir, en la implantación de órganos -en la agregación de órganos al cuerpo- una presentificación de la angustia. Como relata Jean Luc-Nancy en El intruso, testimonio de su trasplante de corazón. Donde podemos ubicar una extrañeza a nivel del cuerpo propio, una cierta exterioridad y extimidad. Hans Jonas en su ensayo de una ética para la civilización tecnológica El principio de responsabilidad aborda las consecuencias jurídicas del discurso de la ciencia en el cuerpo.

¿Dónde se detiene lo humano? ¿Cuáles son sus límites en los horizontes de la ciencia?

La ciencia ficción ha sabido ilustrar algunos de ellos. En Minority Report (Steven Spielberg, 2002) los ojos del protagonista se presentan como órgano separable del cuerpo, se transforman en cámaras. En Black Mirror (Charlie Brooker) los chips que se implantan transmiten la información del cuerpo en tiempo real -medicina del monitoreo- de manera que cierto saber del sujeto se transmite y queda registrado por el Big Data. En la película Her (Spike Jonze, 2013), Joaquin Phoenix se enamora de una voz haciendo de ella su partenaire. Son objetos que se separan del cuerpo. También los hologramas que separan la imagen del cuerpo produciendo un cierto desdoblamiento.

 

Deseo e inhibición

En el obsesivo tenemos el objeto a como causa del deseo, deseo de retención al que se opone la inhibición como defensa contra el deseo. La inhibición es otro deseo que se opone. La imposibilidad misma del acto que sostiene el deseo como imposibilidad para oponerse a la satisfacción pulsional. Y aquí el obsesivo opone su inhibición. Es el yo mismo del obsesivo el que inhibe, produciendo un micro-deseo que procrastina su acto, su deseo, su satisfacción. El deseo detrás de la inhibición, esconde el deseo con una acción. Una suspensión para no actuar que permite, como imposible, mantener el deseo. Produciendo una defensa frente a su propio deseo. Un recubrimiento del deseo en cuestión. El obsesivo no cede el objeto, sino que lo guarda, pone a resguardo el objeto y goza de su retención.

 

Todo saber se paga con una cesión de goce

El no poder traduce lo que va al embarazo del impedimento, la impotencia que se traduce en el síntoma. El síntoma viene a responder al lugar de la angustia (de castración). La causa, el embarazo y la angustia. La causa es aquello de lo que el sujeto quiere mantenerse alejado. La duda está al servicio de la inhibición en el sujeto obsesivo, de manera que circula, gira y da vueltas con el compromiso de no ceder ese algo del goce del síntoma. Lo que no quiere ceder es el objeto anal. La angustia es anterior a la cesión del objeto, es una respuesta frente a la angustia.

Todo saber se paga con una cesión de goce, con lo real del goce que cada uno consiente en pagar, dejar o evacuar. Cuando evacuamos el goce hay un acceso al saber, como en la tragedia de Edipo en el momento de arrancarse los ojos.

 

 

Cosme Sánchez

 

 

 


Equipo de Bitácora 29

Inmaculada Erraiz, Esther González, Iñigo Martínez, Angelines Monreal, Cosme Sánchez, Kepa Torrealdai, Ana Zabala (Responsable)

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