Sobre la cuestión judía. Karl Marx

Jorge Lastra*

 

Lacan nos invita a leer esta “obrita” de Marx en su clase XVI sobre La pulsión de muerte quizás como adelanto a lo que desarrollará en sus siguientes clases sobre la función del bien y la función de lo bello dentro de los capítulos nombrados por Jacques-Alain Miller “Las paradojas del goce”.

Pero ¿en qué dirección tomamos esta invitación?

Lacan nos lo apunta en la página 252 (Seminario 7, ediciones Paidós):“Marx asume el relevo de un pensamiento que culmina en esta obra que fue objeto de sus observaciones más pertinentes, la filosofía del derecho de Hegel, en la que se articula algo de lo que no hemos salido, los fundamentos del Estado, del Estado burgués que da la regla de una organización humana fundada en la necesidad y la razón. Marx nos hace percibir el carácter parcial, fragmentario, insuficiente, de la solución dada en este marco y muestra que la armonía de la necesidad y de la razón no es a ese nivel más que solución abstracta y disociada”.

En este artículo que Marx publica en la revista francófona Deustch Franzosiche Jahrbucher (Anales Franco Alemanes) durante la estancia de Marx en Paris, aparece su respuesta al texto de Bruno Bauer “la cuestión judía” (1843). La controversia entre Marx y Bauer forma parte de las discusiones que se fueron desenvolviendo en Alemania entre los demócratas radicales y los hegelianos de izquierda antes de estallar la revolución europea de 1848.

Esta discusión aparece en el texto de Marx desarrollada en dos partes; una primera en la que responde al artículo de Bauer titulado la “cuestión judía” y el segundo es su respuesta al ensayo “la capacidad de los actuales judíos y cristianos para ser libres”.

Toda la primera parte del texto va a centrarse en criticar el planteamiento de Bauer que pivota sobre la emancipación judía.

Bauer parte del siguiente argumento: “los judíos alemanes aspiran a la emancipación; ¿a qué emancipación aspiran? A la emancipación cívica, a la emancipación política.”

Ante este punto de partida Marx va a comenzar realizando una distinción entre la emancipación política y emancipación humana.

Inicialmente se podría decir que la emancipación política es la que se da cuando el Estado se emancipa de la religión volviéndose un estado laico, y dejando la práctica de la misma para la esfera privada de los hombres (de allí que se divida al hombre entre su vida pública y privada). El Estado no elimina la religión por enviarla a la esfera privada. El Estado al enviar estas diferencias a la esfera privada las presupone y naturaliza. En ello podemos ver una contradicción. Es así como la emancipación humana sería la que elimine dichas contradicciones, haciendo que el hombre se encuentre consigo mismo eliminando el comportamiento religioso. La emancipación humana es en la que el hombre se libera del yugo feudal, y de los privilegios de unos sobre otros, en la materialidad. El hombre ya no se libera solo en la esfera pública, sino que esta división entre esfera pública y privada en que se divide al hombre desaparece.

Se supone que el hombre se hace libre en la esfera pública mientras que mantiene lo que lo diferencia de los otros en la esfera privada. Sin embargo no hay una verdadera emancipación del hombre, pues se toma por hombre real al ciudadano de la esfera pública, y se obvia al hombre material de la privada. Es así como no trata de hacerse material en la privada la igualdad que hay en la esfera pública, sino que se mantiene y naturaliza la desigualdad.

Y Marx continua interrogándose ante estas premisas, si el hombre, aunque judío, puede emanciparse políticamente, adquirir derechos de ciudadanía dentro del Estado, si podría reclamar y obtener los llamados Derechos Humanos. Según Marx, los derechos humanos anulan las diferencias haciendo a todos iguales ante el Estado en la esfera pública, pero preservando dichas diferencias en la materialidad en la esfera privada. La esencia del Estado son esas diferencias, pues éste las necesita como excusa para ejercer su papel de igualador ante la ley. Si dichas diferencias fueran eliminadas no habría justificación de un Estado.

Marx examinará los derechos humanos (E.E.U.U, Declaración de Virginia del 1776) y los derechos del hombre y del ciudadano (Francia, 1789). Los primeros son derechos políticos, por lo tanto solo pueden ejercerse dentro del Estado. “Ellos entran dentro de la categoría de libertad política, en la categoría de derechos civiles” pero no eliminan las contradicciones del comportamiento religioso. En cuanto a los derechos del hombre y del ciudadano, se puede ver que estos reflejan a la perfección la división que se da en la emancipación política. El ciudadano es el que se desenvuelve en la esfera privada, y el hombre no se refiere a cualquier hombre se refiere al hombre miembro de la sociedad burguesa, es decir dichos derechos no representan a aquellos que no estén dentro del entorno burgués. Estos derechos, la libertad, la igualdad, el derecho a la propiedad, la seguridad, (los logros de la Revolución Francesa) no se salen de la concepción del hombre egoísta, del interés privado, del hombre separado de la comunidad.

Y podemos extraer de este desarrollo de Marx en la primera parte del texto lo que Lacan nos indica en otro párrafo de la página 252: “necesidad y razón sólo se armonizan en el derecho, pero cada uno es librado al capricho del egoísmo de sus necesidades particulares, a la anarquía, al materialismo, Marx aspira a un Estado donde la emancipación humana no sólo, como él se expresa, se producirá políticamente sino realmente y donde el hombre se encontrará, respecto a su propia organización, en una relación no alineada.”

Después de la crítica que Marx introduce en esta primera parte del texto nos preguntamos entonces cuál es la solución que plantea Marx para la “cuestión judía”.

Podríamos resumirlo parafraseando a Jean Claude Milner en su escrito “Las inclinaciones criminales de la Europa democrática” donde leemos que para “Marx el judaísmo es el dinero .Y una solución: el judío se emancipara el día que la sociedad entera se haya emancipado del judaísmo, es decir, del dinero.”

Sin entrar en el desarrollo del par problema/solución, todo /no todo, que desarrolla Milner en el anterior texto citado, podemos acercarnos a la problemática del bien .En las siguientes clases del Seminario 7, “La función del bien” y “La función de lo bello”, Lacan apunta esta problemática, esta barrera en la que se encuentra la dirección del deseo. En el dinero, la mercancía o el manto de San Martín, en ese trapo hay un más allá de su valor de uso o valor de tiempo.

Podemos leer en Marx, que la cuestión mercantil es una problemática ligada al ser humano más allá de sus necesidades.

Y así en la segunda parte del texto Marx prosigue con los siguientes algoritmos:
“¿cuál era, de por sí, el fundamento de la religión judía? la necesidad práctica, el egoísmo”
“El Díos de la necesidad práctica y del egoísmo es el dinero”.
“El dinero humilla a todos los dioses del hombre y los convierte en una mercancía”.
“Lo que de un modo abstracto se halla implícito en la religión judía, el desprecio de la teoría, del arte, de la historia y del hombre como fin en sí, es el punto de vista consciente real, la virtud del hombre de dinero. Los mismos nexos de la especie, las relaciones entre hombre y mujer, etc., se convierten en objeto de comercio, la mujer es negociada”.
“La venta es la práctica de la enajenación..., sólo puede producir prácticamente objetos, poniendo sus productos y su actividad bajo el imperio de un ser ajeno y confiriéndoles la significación de una esencia ajena, del dinero”.

Para llegar a la solución antes comentada:
“la emancipación social del judío es la emancipación de la sociedad del judaísmo”.

Este artículo responde a una honestidad intelectual, como lo expresa Lacan, que puede tomarse bien por el pasado judío de Marx, bien por la importancia histórica que supuso el discurso creado por Marx; un corte que tanto Freud como Marx, introdujeron en su época: el de la teoría de las formaciones sociales en Marx y que de otro lado, Freud introducirá mediante la teoría del inconsciente. Y que como dice Jean Claude Milner en su texto “La claridad de todo”, “la manera de poner en relación estos dos cortes es considerar que uno y otro conducen a eliminar la noción de sujeto”.

 

* Trabajo presentado el 15 de marzo de 2014 en el Seminario del Campo Freudiano de Bilbao, Curso 2013-2014, dedicado al Seminario 7 de Jacques Lacan, “La Ética del Psicoanálisis”

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso.

Acepto

Aviso Legal | Sitemap | Contacto | Facebook scfbi facebook | Youtube scfbi youtube
Copyright © 2018 Poros. Todos los derechos reservados. Desarrollado por web-profesional.net