La Felicidad incierta en la “Fundamentación de la Metafísica de las costumbres” de Kant (1785)

Rosa Uriz*

 

La ética kantiana plantea que: “El fin de la ética no es dictar leyes a la conducta, es simplemente descubrir las condiciones que tiene que cumplir todo ideal para poder ser legítimamente llamado “ideal moral”.

Todo –ideal moral- está formulado en forma de imperativo categórico.

Un imperativo es un mandato, una orden, un “deber ser”. Y categórico quiere decir que no admite condición, es decir, es incondicional. Por tanto, un imperativo categórico sería un mandato que no admite condiciones.

Siendo así, hay dos tipos de imperativos, categóricos e hipotéticos -hipotéticos, que dependen de una hipótesis. Por ejemplo, si “para no pasar frío debe abrigarse”, quiere decir, que si se quiere no pasar frío (hipótesis), debe abrigarse. Pero si decimos, “No debes prometer engañosamente”, es un imperativo categórico, ya que no admite hipótesis.

Los imperativos hipotéticos no son verdaderos imperativos, ya que son imperativos respecto a los medios y no a los fines.

Kant rechaza las éticas hipotéticas, ya que no son seguras al depender de si el sujeto acepta el fin propuesto o no.

Para Kant todo “ideal moral” está regido por imperativos categóricos. En “La Fundamentación de la Metafísica de las costumbres” de 1785, es donde Kant expone su Ética de forma más clara. Ya desde 1764, que Kant escribe “Investigación sobre la evidencia de los principios de la teología natural y de la moral”, Kant hace planes y proyectos acerca de una filosofía moral, ya que tenía el propósito de escribir sobre la ética, y de que el carácter metafísico de la moral, fuese más bien empírico. Kant quería darle a la -Metafísica de las costumbres- una filosofía pura (Metafísica) y una filosofía aplicada (sobre la naturaleza humana).

Kant añade una serie de consideraciones y precisiones acerca de la felicidad y la moralidad, que vienen a concretar la manera como las personas, en medio de su vida cotidiana, pueden llegar a conseguir, en forma efectiva y real, la felicidad para sí y para todos los demás, por supuesto a través de la moralidad. Establece dos modos en que el sujeto puede llegar a hacerse digno de ser feliz: el derecho y la virtud. El derecho es definido por Kant como el “conjunto de condiciones bajo las cuales el arbitrio de uno puede conciliarse con el arbitrio de otro según una ley universal de la libertad”. Hacer lo justo es lo primero para alcanzar una felicidad “digna”, cualquier proyecto de felicidad, sea comunitario o personal, que no respete la justicia, hace indignos de felicidad a quienes lo siguen.

El otro modo de alcanzar la felicidad con “dignidad” es a través del ejercicio de la virtud. Los deberes propios de la virtud, a diferencia de esos deberes a cuyo cumplimiento también nos obliga el derecho, solo pueden ser exigidos por una legislación interna a cada hombre y que Kant llama ética.

La felicidad y el imperativo categórico

“…Hay un fin, dice Kant, que se puede presuponer como real en todos los seres racionales, un propósito que no es que meramente pueden tener, sino del que se puede presuponer con seguridad que los seres racionales en su totalidad lo tienen según una necesidad natural, y este es el propósito de la felicidad...”

La primera formula del imperativo categórico que aparece en La Fundamentación es “Obra según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal”, y añade “Hay que poder querer que una máxima de nuestra acción sea ley universal” ...así, la moral implica cierto grado de generalización, incluso de universalidad.

Más adelante Kant da una segunda formula del imperativo categórico: “Obra de tal modo que uses la humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo, y nunca solamente como un medio”.

En la primera formula del imperativo categórico de La Fundamentación, pone el querer en la base de la moral, es decir, que el deseo de la ley no se puede eliminar de la moral. La ética de Kant es una ética del deber.
(Máxima: el principio subjetivo del obrar)

(Ley: el principio objetivo del obrar, válido para todo ser racional.)

¿Cómo trata kant la cuestión de la felicidad en la fundamentación?

En primer lugar Kant plantea la incapacidad de la razón para garantizar la Felicidad del ser humano. Kant dice que la razón no puede garantizar la Felicidad, ya que la Felicidad es una idea “vacilante” “...Asegurar la propia felicidad es un deber (al menos indirecto)... Pero incluso sin ocuparnos aquí del deber, todos los hombres tienen la más poderosa y ardiente inclinación a la Felicidad, porque en esta idea se reúnen todas las inclinaciones, pero a la vez la prescripción de la felicidad está constituida de modo que hace quebranto a algunas inclinaciones...”

La felicidad, por tanto es una idea “vacilante”, y en momentos una noción, tan empíricamente indeterminada, que no se podría decir en que consiste concretamente, ni siquiera para sí mismo.

“...el concepto de Felicidad es un concepto tan indeterminado que, dice Kant, aunque todo hombre desee llegar a ella, sin embargo nunca puede decir de modo de determinado y acorde consigo mismo que quiere y desea propiamente. La causa de ello es: que todos los elementos que pertenecen al concepto de Felicidad son en su totalidad empíricos”, es decir sacados de la experiencia, y no a apriorísticos. “...Así pues, para ser feliz no se puede obrar según principios... no es posible un imperativo que mandase en sentido estricto realizar lo que hace feliz, porque la Felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación...”

La Felicidad es “un ideal de la imaginación”, y cuanto más el hombre busca imaginariamente la Felicidad, más desgraciado es.

Finalmente Kant dice que la búsqueda acrítica de la Felicidad es un obstáculo para la moralidad, es decir hay un antagonismo entre deber e inclinación.

“...El hombre siente en sí mismo un poderoso contrapeso a todos los mandatos del deber, que la razón representa tan dignos de respeto, en sus necesidades e inclinaciones, cuya entera satisfacción resume bajo el nombre de Felicidad...”

Asegurar la Felicidad propia es un deber –al menos incierto-.

 

* Trabajo presentado el 7 de junio de 2014 en el Seminario del Campo Freudiano de Bilbao, Curso 2013-2014, dedicado al Seminario 7 de Jacques Lacan, “La Ética del Psicoanálisis”

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