El caso Aimée

Cristina Califano*

 

Antecedentes

En este recorrido por lo que hemos llamado “Psiquiatría clásica”, pequeño bosquejo que con mucho gusto hemos intentado dar en los dos primeros encuentros guiados Juan Jesús Ugarte, esta vez es mi turno.

Es una gran alegría para mí, y a la vez un gran compromiso el poder trasmitir de la forma más liviana posible, pero, esperando no exenta de rigurosidad: lo que ha significado encontrarme con Aimée.

Por empezar, me he ido a las notas que el mismo Lacan en el texto “De nuestros antecedentes”, (Escritos 1, pág, 59), nos dice allí que su entrada en el psicoanálisis se hizo con lo que él mismo señala como “conocimiento paranoico”, realizado bajo la forma de una clínica exhaustiva de la cual su tesis de medicina constituye el primer ensayo.

En ese momento, el mismo Lacan lo dice, sigue el rastro de Clérambault, único maestro en psiquiatría.

A mi modo de ver y siguiendo el texto a la letra. Lacan lo nombra así porque para Lacan el automatismo mental de Clérambault es la manera de abordar el texto subjetivo del sujeto, el relato de aquello que podríamos llamar las manifestaciones extrañas y anormales de su pensamiento.

En este mismo texto Lacan refiriéndose a Clérambault dice algo que me ha parecido maravilloso que “Clérambault realiza por su ser de mirada..., el nacimiento de una clínica”.

Pero para Lacan esto no es suficiente, y dice “necesariamente nos vimos conducidos a Freud”. Es muy interesante; Lacan va de la psiquiatría al psicoanálisis y Freud ya había leído desde el psicoanálisis a la psiquiatría, pensemos que estamos en 1932 y si no me equivoco los escritos de Schereber, en 1911, por ejemplo.

Con lo cual, Lacan en el texto que antes he mencionado dice: “singularmente, pero necesariamente nos vimos conducidos a Freud... pues la fidelidad a la envoltura formal del síntoma, que es la verdadera huella clínica a la que tomábamos gusto, nos llevó a ese límite en que se invierte en efectos de creación. En el caso de nuestra tesis, efectos literarios...”

Es decir que Lacan subvierte el trabajo realizado hasta entonces en la psiquiatría como hemos visto en las veces anteriores de la mirada a la escucha, justamente, en este texto Lacan plantea cómo traspasando la puerta del psicoanálisis, descubre de inmediato algo mucho más interesante, “la escucha fundamental”, cosa que utiliza muy bien y se ve muy claro en su tesis.

También en “De nuestros antecedentes”, Lacan menciona que al acercarse a la maquinaria del pasaje al acto, es ese mismo derrotero que le lleva a Freud, dado que toda la discusión en esa época estaba en relación con la criminología, con la justicia y la clínica.

Los psiquiatras franceses, en esos años estaban interesados por dos puntos: la responsabilidad del enfermo y el castigo. Por esos años hay un acuerdo casi generalizado entre los psiquiatras a partir de una consideración que hacen Heuyer y Claude “la cuestión de la responsabilidad debe quedar fuera del debate médico”, con lo cual da la impresión que pasan a la justicia esa cuestión.

Pero no obstante ello, estas cuestiones siguen siendo trabajadas, sobre todo dado que en el Código Penal, sólo existen dos cuestiones: el juicio o el no-lugar. El problema de la responsabilidad es lo que está en el centro del debate.

De esta manera el psicoanálisis se incluye en Francia con el debate criminológico.

Como bien sabemos Lacan no escatima esfuerzos ni acercamientos teóricos a efectos de comenzar a dilucidar la práctica.

La tesis lleva por título “De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad”, es una tesis extensa, aunque en realidad trabajo se organiza en torno a la monografía de Aimée.

En su tesis Lacan dice “nuestra tesis es una tesis de doctrina”, Lacan es joven y es de esta manera como se incluye en los debates de la época. Y estoy de acuerdo con que es una “tesis de doctrina”, porque a mi modo de entender, no solo, está señalada la nueva entidad clínica “paranoia de autopunición”, sino que es una verdadera enseñanza el trabajo puntilloso realizado con la historia de Aimée. Es en palabras de Dominique Laurent “la última gran monografía de la psiquiatría francesa”.

En el hospital donde trabajaba Lacan, Sainte-Anne, se encuentra con Aimée, cuya observación rigurosa le conducen a definir dentro de la paranoia un grupo nuevo: la paranoia de autopunición “entendida como un todo positivo y organizado y no como una sucesión de fenómenos mentales elementales, surgidos de trastornos disociativos”.

Con su tesis, Lacan utiliza el método freudiano aplicado a las psicosis y hace una oposición entre el realismo de la psiquiatría francesa (clínica de la mirada) y el uso de la historia del sujeto (clínica de la escucha).

Dominique Laurent, en el trabajo que hace sobre Aimée en Freudiana 55, plantea leer a Aimée con el edificio conceptual lacaniano y nos dice que el significante “mujer de letras” atraviesa toda la historia de Aimée.

Así como a lo largo de toda la tesis se pueden ver los momentos discontinuidad, entendiendo esta discontinuidad como ruptura, en este texto, Dominique Laurent, apoyándose en la última clínica lacaniana deja claro que el emblema de la discontinuidad es el pasaje al acto.

Es interesante el trabajo de Lacan en esta tesis, el desarrollo que hace de la historia de Aimée y al mismo tiempo la conclusión a la que llega.

El caso

Marguerite Pantaine “Aimée”, nace en el seno de una familia campesina es la quinta hija de una fratría de siete (vivos). La primogénita Marguerite nace muy poco tiempo después de la boda de los padres (nace en 1885), dos años después Elisa, un año más tarde María. En 1890 Marguerite (la hija mayor) muere abrasada en su vestido acercándose demasiado a la chimenea, se insiste mucho en la familia sobre “la intensa emoción vivida por la madre”, inmediatamente después de esta muerte la madre queda nuevamente embarazada y nace una niña muerta. Once meses más tarde nace una segunda Marguerite (esta es Aimée). Luego vendrán tres hermanos varones.

Es de destacar la frecuencia de los embarazos maternos, uno sucesivo a otro sin hacer ningún tipo de duelo.

La niñez de Aimée está marcada por un padre cuya autoridad era indiscutible y una madre analfabeta, muy sensible a la amenaza de las palabras. Unos diez años antes del internamiento de Aimée se circunscribe para su madre el sentimiento de ser espiada y escuchada por los vecinos.

No obstante, Aimée tiene una posición de excepción en la familia, es la única que contradice la autoridad paterna. Según Lacan, este no al padre tiene que ver con algunos detalles de su vestimenta. Es una interpretación mía, pero el detalle de tomar en cuenta la constelación familiar, apego a la madre y no al padre, ¿podemos pensar que es un anticipo a la forclusión del NP?, el apego a la madre es muy intenso. Lacan dice en la tesis “fueron dos amigas”.

La relación con sus hermanos es difícil. Es su hermana mayor Elisa, quien toma a su cargo la dirección de la casa debido al delirio materno. Esta hermana, debemos tenerla en cuenta, abandona pronto a la familia dado que va a vivir a casa de un tío con el que finalmente se casa; esto sucede cuando Aimée tenía nueve años.

Aimée fue el primer hijo de la familia en ingresar a la escuela primaria superior, los maestros coinciden en señalar el futuro promisorio de la pequeña. Es interesante, hija de padres analfabetos su destino sería para todos, padres y maestros, la enseñanza.

Señalaré los puntos que a mi modo de ver, muestran momentos de ruptura, de discontinuidad en lo que venía sucediendo.

La muerte de la amiga

A los diecisiete años, sorprende su suspenso en los exámenes. Renuncia a los estudios. ¿Qué pudo haber pasado? Primera discontinuidad, que parece estar relacionada con el fallecimiento de la primera amiga de Aimée, que se presentaba a los exámenes con ella. Tras este traspié vuelve por poco tiempo a casa de sus padres y decide entrar en la administración de correos.

Rompe de esta forma, con el ideal parental, de señorita que enseña letras a aquella que lleva las cartas. El punto interesante, es que con la muerte de la amiga, cae para Aimée el sostén imaginario que esta ofrecía.

El primer amor

Encuentra empleo en una ciudad alejada de sus padres. Durante tres meses mientras prepara su examen que aprueba, para cartera, vive en casa del tío casado con Elisa (su hermana mayor)

El último mes de su estancia allí, encuentra un primer amor. “Un don Juan que la encandila con su pinta romántica y su escandalosa reputación”, averigua que ella no había sido nada más que objeto de una apuesta. Tiene su primera relación sexual. Durante los tres años siguientes, habiéndose mudado debido a un cambio administrativo de destino, mantiene una ardorosa y secreta comunicación escrita con el seductor: “único objeto de sus pensamientos”. Rechazando cualquier otro hombre que la pretendía.

Lacan señala el lazo erotomaníaco al poeta. Y un cambio brusco, que coincide con un nuevo traslado administrativo, del amor al odio; luego de tres años. ¿Podemos pensar en un desencadenamiento en este primer encuentro con un hombre?

El nuevo destino y la nueva amistad

En este nuevo destino, entabla amistad con una mujer, amistad que será determinante en la vida de Aimée. Es a través de esta amiga aristócrata venida a menos y cartera como ella y que ejerce sobre las demás carteras influjo debido a su posición, quien habla a Aimée por primera vez de Sarah Bernhart, de Hugette Duflos, las mismas que más tarde se transformarán en sus principales figuras persecutorias.

La relación de Aimée con esta amiga está en serie con la que tuvo con su hermana mayor Elisa y con la amiga muerta en la juventud, le ofrecen soporte imaginario, y el ideal. Es a esta amiga precisamente a quien Aimée confía “sentirse masculina” e inicia una serie de encuentros con hombres, aventuras ocultas a su entorno calificadas por ella misma como “accesos de disipación”.

Se trata de un tiempo de afinidad a los hombres, no son relaciones sexuales o amorosas que la dejan indiferente sino de “curiosidad por el alma masculina”.

Me parece muy interesante, es la dificultad de la acepción de la posición sexuada que le lleva a este movimiento de búsqueda del alma masculina, no se trata de ofrecerse al hombre como aquello que causa su deseo. Se trata de pesquisar la posición masculina por un lado y la femenina por el otro en la serie organizada: hermana, amiga del colegio, y la amiga del trabajo.

La boda

Bajo estas coordenadas confusas, decide casarse, con un colega de oficina. Ante la puesta en tela de juicio de esta boda por la familia, responde: “si no lo cojo yo, lo cogerá otra”.

No parece la elección del mismo lado, como su primer amor, el poeta de las cartas ardientes

El matrimonio es problemático. Más adelante su marido hablará de las rarezas de Aimée, “celos inmotivados”; “mutismos y encierros que duran semanas”; “risas inmotivadas e intempestivas”; “fobia a las manchas” que la llevan a un ininterrumpido lavado de manos.

Estas pequeñas perlas clínicas nos hacen suponer una sutil actividad delirante.

A los ocho meses de la boda, la hermana de Aimée, Elisa, enviuda y va a vivir a casa de Aimée y su marido. Este es un momento especialmente delicado.

La intrusión de la hermana en la casa, provoca en Aimée una situación de “humillación moral”. La hermana con su abnegación le devuelve a Aimée como un espejo las cosas que ella misma es incapaz de hacer.

En la tesis Lacan asocia a la serie de las mujeres al Ideal del yo pero que se confunde con el superyó.

Por un lado podríamos decir que son mujeres que se presentan como un ideal a alcanzar pero por el otro la ferocidad de no alcanzarlo.

La primera maternidad

Cuatro años más tarde de la boda, Aimée queda embarazada. Es aquí donde aparecen por primera vez las perturbaciones persecutorias. “Sus colegas de trabajo critican su forma de proceder, le anuncian desgracias y cuchichean en la calle”. Finalmente una significación se le impone “ellos quieren la muerte de su hijo”.

En esa época los pasajes al acto son violentos el marido no escapaba de la cuestión persecutoria, le asesta con una jarra en la cabeza, otra vez lo hace con una plancha. Se puede entender, el Otro es real y quiere gozar del sujeto.

Finalmente, el bebé nace muerto, es una niña. Este franqueamiento de la maternidad, hace eco con sus propias coordenadas de venida al mundo, luego de la muerte de los hermanos (lectura del texto de D. Laurent, pág. 128).

La muerte del hijo, verifica su certeza delirante. Aimée culpa a su amiga de esto. Una llamada de la amiga después del parto cristaliza la persecución. Aimée se muestra hostil y muda durante una larga temporada y se refugia en la práctica religiosa.

El nuevo embarazo

Un año después queda nuevamente embarazada. La certeza y los temas delirantes son los mismos que la otra vez.

En esta ocasión trae al mundo un niño, al que cuida con ardor. Le amamanta por catorce meses (fecha en que es ingresada por primera vez) y hasta los cinco sólo se ocupa ella con una feroz vigilancia. La interpretación delirante es “todos amenazan a mi hijo”. Aimée se muestra hostil, querellante, todos están contra ella. Sin decir a su marido se despide del trabajo y se hace el pasaporte para ir a América, para convertirse en novelista. Ya no hay barreras, está el intento de acceso al mundo de las letras. Letras que la acompañan desde pequeña.

Lacan dice que las cosas para Aimée empeoran en el momento en que la hermana decide encargarse del niño, dado el estado de Aimée. La intrusión de la hermana entre ella y el niño hace eclosión. Aimée puede atiborrar al niño de comida o dejarlo morir de hambre, le abriga con muchas capas como una cebolla para que no pase frío. Una vez entrometida la hermana en el cuidado del hijo, la idea de marcharse a América se intensifica, la familia decide ingresarla en una clínica. Allí se verifica su certeza delirante: le arrebatan al hijo. En la clínica escribe a un escritor, se ve cómo la llamada a las letras está siempre presente, pero posteriormente este escritor también se transformará en su perseguidor.

Sale de la clínica por pedido de la familia. Al salir, deja a su hijo al cuidado de su hermana y su marido, pide el traslado y se marcha a Paris.

La vida en París

Ahí divide su vida entre el trabajo y el estudio (quiere dar el examen de bachillerato). Es en Paris donde el delirio se organiza y despliega. Se ocupa mucho de los dos campos, trabajo y estudio, podemos pensar que cómo una manera de encontrar puntos de anclaje a su vida. Las visitas a su familia se hacen cada vez menos frecuentes.

En este primer año de estancia en Paris, dos personajes serán centrales: la actriz y el hombre de letras.

En su tesis Lacan señala que la actriz se convierte en un personaje persecutorio para Aimée porque es aquella que quiere dañar a su hijo. Esta amenaza nace como venganza de la actriz hacia Aimée, que según señala Lacan en el texto “había hablado mal de la actriz en el trabajo diciendo que era una puta”. Todas las apariciones de la actriz se le transforman en signos. En su tesis Lacan señala “temía mucho por la vida de mi hijo, si no le sucedía una desgracia ahora, sería mañana y yo me transformaría en una madre criminal”.

Lacan señala otro dato importante de Aimée: “la perversión del instinto maternal con la pulsión del asesinato”. Se puede entender como delirante el comportamiento de huida lejos del niño y la curación está ligada al proceso de autopunición, ya lo veremos más adelante.

El otro elemento perseguidor es el hombre de letras, que lo hace desde la salida del hospital, consigue Aimée una entrevista con él para acusarle de andar diciendo cosas malas de ella y pedirle explicaciones.

Para Aimée en su delirio el novelista y la actriz están unidos por lazos indiscernibles, no son amantes pero hay un lazo entre ellos como si fuera verdad. Aquí vemos nuevamente la problemática de la sexualidad.

La escritura

Comienza a escribir y a enviar sus escritos a numerosas editoriales que no publican sus trabajos. Escribe orientada en un apostolado de redención del mundo, son escritas con esa misión y ese sentimiento.

La amenaza de atentado al niño es cada vez más inminente para Aimée “una carrera de mujer de letras le espera”.

Pero sus perseguidores plagian sus novelas, aún no escritas y sus manuscritos más íntimos.

En una ocasión salta al cuello de la empleada de la editorial que le dice que su manuscrito no será publicado. Debe indemnizarle.

A partir de aquí una certeza identificatoria se pone en juego “mujer de letras”, pero no es reconocida como tal, y es esto lo que le precipitará en una serie de pasajes al acto hasta el pasaje final con el cual es detenida.

El esfuerzo de esta construcción significante “mujer de letras” no es suficiente para cifrar el goce del Otro, solo queda el recurso del pasaje al acto para barrarlo.

Dominique Laurent, en su texto sostiene “la asunción de la identificación delirante de ser escritora está desde el inicio del delirio, la mujer de letras va tomando sucesivas formas: maestra, cartera, el encuentro difícil con el hombre también se da bajo el auspicio de las letras”.

Las dos novelas escritas por Aimée son enviadas al Principe de Gales, Lacan lo sitúa en serie con su primer amor, platónico y a través de escritos.

Anticipo del pasaje al acto

El goce cada vez más amenazante del Otro, hace que Aimée no se separe de su hijo, la amenaza sobre el niño es cada vez mayor.

Quiere divorciarse y quedarse con el niño. Está dispuesta a matar al marido si es necesario para conseguir al niño.

La urgencia se presenta bajo la idea de “es necesario hacer alguna cosa”. Un mes antes del atentado compra el cuchillo, busca en el listín la dirección de la Sra. Duflos, se le impone la idea de tener un encuentro cara a cara con la enemiga bajo el texto “¿qué pensará ella de mí si no me presento a defender a mi hijo?”. Una hora antes de la agresión Aimée no sabe que irá al encuentro de la actriz.

El pasaje al acto

El 10 de Abril de 1931, aborda a la actriz en la entrada de los artistas de un teatro, tras asegurarse de la identidad de la mujer que tiene enfrente, saca un cuchillo, la actriz al intentar parar el golpe, huye, allí es herida. Más tarde Aimée le dirá a Lacan, que “habría podido atacar a cualquiera de sus perseguidores si hubiera podido dar con alguno de ellos”.

En el momento de su detención, se sostiene en su interpretación delirante ante quienes le interrogan. En prisión, contará a sus compañeras de celda puntillosamente su delirio. Pasados unos días le escribe al Príncipe de Gales, para decirle que “las gentes de letras hacen cosas graves”. Luego de quince días escribe al experto que le había visto para decirle que llamarla “neurasténica” puede perjudicar su futura carrera en las letras.

A los veinte días comienza a llorar y “dice a sus compañeras de prisión que la actriz no tenía nada contra ella, que no debería haberla asustado”. Allí le llevan a enfermería, y un mes después ingresa en el Sainte Anne.

Es decir, entre el pasaje al acto y “el arrepentimiento” por llamarlo de alguna manera hay un espacio de tiempo. La “curación” en Aimée se produce luego del pasaje al acto, pero como decíamos antes no inmediatamente, el preguntarse porqué lo había hecho, lo distingue de algo puramente pasional donde el alivio es inmediato al acto de violencia.

En Aimée cuando ella se da cuenta que había atacado a una persona inocente, su delirio desaparece. Esto le lleva a Lacan a decir que su caso es una “paranoia de autopunición”: en la medida que al golpear se golpea. Es una manera de golpear al goce que Aimée supone al Otro. Y por otro lado, interviene la ley, ante la cual al principio Aimée se muestra como inocente.

El pasaje al acto en esta entidad clínica no es inmediato. En el caso Aimée, ha pasado diez años desde el principio del delirio. La agresión, es brutal, aparatosa pero no tiene la eficacia de la agresión de las psicosis pasionales.

En el caso de los delirios pasionales, el delirante después del crimen obtiene un alivio característico, acompañado de la caída de toda la construcción delirante.

En el caso de Aimée, la agresión ha fracasado y la enferma no muestra ninguna satisfacción especial. Nada ha cambiado del lado de la agredida, pero sí algo del lado de la agresora.

Ha verificado lo que significa la compañía de los delincuentes, ha palpado la reprobación y el abandono de los suyos. Lo que comprende Aimée dice Lacan, es que se ha agredido a sí misma y paradójicamente sólo en ese momento experimenta alivio afectivo: llora y cae el delirio. A esto lo llama Lacan “la curación de Aimée”.

Lacan verifica en su tesis que si bien el núcleo delirante “querían matar a mi hijo” permanece, no así toda la otra serie de personajes que lo rodeaban, como asimismo varía el comportamiento de la paciente.

¿En qué consiste la autopunición?

En su delirio, las persecuciones amenazan al hijo “para castigar a la madre que ha hablado mal de la actriz, que no hace lo que debe”.

Aimée es interrogada sucesivamente sobre las razones de su acto criminal; voy a reproducir lo que aparece en el texto de Lacan:
― ¿Por qué creía vd. que su hijo estaba amenazado?

Responde:
― Para castigarme.
― Para castigarla ¿de qué?

Aimée titubea:
― Porque no estaba cumpliendo mi misión.

Y agrega:
― Porque mis enemigos se sentían amenazados por mi misión.

Aimée mantiene el valor de las dos cuestiones: el castigo y la amenaza.

Por otra parte, las perseguidoras son mujeres, la primera la hermana mayor de quien Aimée sufrió la humillación y los reproches de conciencia. Luego las mujeres de letras, actrices, mujeres de mundo. Imaginariamente, eran mujeres que representaban su ideal, pero también su odio.

Aimée entonces dice Lacan, arremete contra un objeto que no tiene para ella más que un valor de símbolo y de esa forma este acto no le produce ningún alivio.

Cito a Lacan: “Sin embargo, con el mismo golpe que la hace culpable frente a la ley, Aimée se siente golpeada en sí misma: y cuando lo comprende, es cuando experimenta la satisfacción del deseo cumplido: el delirio, ya inútil, se desvanece”

Se constata que luego del pasaje al acto la vida de Aimée se desarrolló sin grandes acontecimientos. Lacan le anima a escribir.

En 1943, sale del hospital. Llega a ser gobernanta de una familia franco-americana “que nunca intuyó signos de locura”, escribe Lacan, finalmente por casualidades de la vida entra a trabajar en 1951 en la casa del padre de Lacan como cocinera.

Por otro lado, luego de estar muchos años sin verse, Aimée retoma el contacto con su hijo Didier Anzieu, psicoanalista, paciente de Lacan desde el año 1949. Se entera por su madre que ella es Aimée.

 

*Trabajo presentado en el espacio del SCFBI, Conferencias Clínicas: “Clásicos de la clínica en Lacan: La paranoia”

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