Controlar a los desatentos y a los que se sienten vacíos ¿Cómo hacerlo?

Francesc Vilà (1)*

Mi lectura para entender el control actual de la infancia parte de la consideración de una década que la humanidad recuerda como prodigiosa y placentera. Me refiero a los felices sesenta. Un tiempo de la humanidad que transcurre bajo la supremacía de los Estados Unidos de América, la guerra fría con la Unión Soviética y que aporta grandes avances tecnocientíficos (1)... Pero también es un tiempo de transición subjetiva de alcance. La orientación lacaniana considera que es el tiempo en que se materializa la apuesta de la hipermodernidad con la eclosión de la laminilla libidinal que bordea el cuerpo sexuado y que paulatinamente substituirá el cifrado del orden edípico de la modernidad. El deseo de individualismo triunfa.

Conocemos el éxito del sociólogo Sigmund Bauman con el contraste metafórico entre sólido y líquido. Por un lado está la solidez, la sociedad moderna de Weber y, por otro, los fluidos pulsionales de la hipermodernidad de Lacan. Para el psicoanálisis el contraste se produce entre el mundo moderno estructurado represivamente por los nombres del padre y, más allá, los espacios contorneados por las defensas del sujeto ante las perturbaciones del cuerpo. La declinación de los nombres del padre deja paso a las vicisitudes de la pulsión en el cuerpo.

El malestar de la infancia y su control, el tema que nos convoca en el Simposio, nos centra en un lapso de tiempo fecundo, el lapso que va de 1962 a1964.

El olvido es humano. Lo habitual en una historia personal o colectiva, es la laguna, el falso recuerdo, la distorsión o el encubrimiento del hecho y de su relato... La posición del sujeto en relación al saber testimonia de todo ello.

Lacan, para hacer énfasis en esta concepción de la vida en el tiempo, extorsiona el significante historia y lo reescribe con una “y” griega.

La “hystoria” dice de las lagunas y de los deseos que producen relatos fragmentarios y aluviones de materiales heterogéneos con el fin de rodear las vacuolas de goce de las que la humanidad se defiende.

Hoy día el control de la infancia es un escándalo. Lo podemos comprobar gracias al relevado que hace de un tiempo a esta parte el Campo Freudiano y otras entidades pro infancia. Los hechos son incuestionables... La biopolítica, término acuñado por Michel Foucault en los setenta, dice claro del asunto. El cuerpo es motivo suficiente para hacer políticas de seguridad, control y salud. Genera pingues beneficios y facilita la tranquilidad parapolicial de muchos.

Pero el inicio de esta historia se remonta a mucho tiempo atrás. No es fácil leer la tendencia que a menudo toman los discursos y los hechos. La información, la secuencia rápida de los hechos, llena montañas de publicaciones de todo tipo. Podemos tomar el año 1962 como el hito de inicio, el punto de partida de la nueva época del control de la infancia. Según como leamos esta fecha podemos pensar que es la puerta de entrada a un mundo horribilis o a un tiempo nuevo.

El nuevo tiempo

¿A qué me refiero? Tomare el haz y el reverso del flamante paño que envuelve a la infancia. Ese año, 1962, la reunión internacional de neuropediatría tiene lugar en Oxford. Un comité de expertos, neurólogos y pediatras del desarrollo encuadrados en la corriente de pensamiento neo-jacksoniana, inaugura un discurso nuevo sobre la infancia. El significante disfunción cerebral mínima substituye a lesión cerebral mínima. La hipótesis de que una alteración neurológica es la causa formal principal de gran parte de los trastornos de la infancia tiene en este nuevo concepto su sostén discursivo. No precisa una prueba empírica contrastada. Hay la hipótesis y la seriación de signos blandos.

Si hacemos arqueología del saber nos damos cuenta que este deslizamiento de lesión a disfunción inaugura la época de los nuevos trastornos de la infancia. El futuro TDAH se va construyendo con cuatro pilares que soportan la disfunción: en el desarrollo psicomotor, en los aprendizajes de la lectoescritura y el cálculo, en la atención y en la impulsividad.

En poco tiempo el niño freudiano, afectado de inhibiciones, síntomas y angustias es repensado. Se elimina la subjetividad y se promueve un estudio detallado del trastorno en el funcionamiento del organismo. El niño es reducido a la motilidad y la cognición.

La puesta fue caballo ganador. Lo que se vivía por parte de la medicina como una usurpación del niño, el desarrollo del niño no era propiedad de la salud orgánica, era tributario del saber del inconsciente, pasó a ser debitario de los avatares del funcionamiento del organismo.

Sam Clements, neuropediatra de una institución americana que atendía niños con déficits psíquicos, es el ideólogo. Los actores de repertorio posteriores son los fármacos estimulantes que justifican la supuesta causa neurobiológica de la disfunción. Los test de autodiagnóstico y las escalas de valoración para padres de Keith Conners de 1969 facilitan la cuantificación de la conducta y su posterior tratamiento estadístico.

En una década la psiquiatría infantil tiene los suficientes instrumentos –idea, estimulantes y ítems cuantitativos- para construir una constructo conductual que permite arrinconar al niño freudiano.

El nuevo psicoanálisis

El seminario de Lacan, a mediados de los sesenta, llega al momento de concluir sobre el retorno a Freud. Con el Seminario XI de 1964, dedicado a Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis –inconsciente, repetición, transferencia y pulsión- se inicia la era del psicoanálisis lacaniano.

Este seminario produce un concepto nuevo, no alojado en la doctrina freudiana, el objeto a. Por lo tanto, esa década de los sesenta también es un tiempo de viraje para el psicoanálisis.

El objeto a permite un nueva aproximación a la novela familiar del niño y a su constitución como sujeto. Lacan, de acuerdo con la subjetividad de la época y los logros de la tecnociencia, va más allá del montaje de la novela edípica freudiana.

El objeto a dice, en forma de mirada o voz, de las consecuencias clínicas del declinar de los Ideales del Yo, de los ideales de la sociedad del capitalismo social. Una vez la imagen humana ha perdido prestigio político y social, los nuevos productos reproducidos por el consumo invaden, parasitan, las verdades de la vida...

¿Que irrumpe en el desarrollo y la maduración humana con fuerza a partir de la segunda mitad del siglo XX? Ya no la voz de la educación o la mirada de la prohibición. Decaen las voces y las miradas de la sociedad paternalista o patriarcal y aparecen en el zénit del firmamento las miradas y las voces que promueven la satisfacción y el goce del cuerpo. Objetos que imperan en el vacío de la vida, que la llenan.

El objeto a dice de la intrusión de la mirada y la voz que reclama del goce del cuerpo.

Los niños desatentos y movidos, muchos, son TDAH. La manera actual de decir, off label, de los afectados del decaimiento de las ordenes y las prohibiciones que educaban, en la reprensión y la represión, al niño de la modernidad.

El niño de la postmodernidad puede seguir confiando en el psicoanálisis para defenderse de la intrusión pulsional de aquél vacío, aquel sin sentido, que es causa de sus deseo y parasita su cuerpo renovando el mal de San Vito.

El objeto a será en la orientación lacaniano, con el paso del tiempo, el testimonio de los acontecimientos de cuerpo, gestos, movimientos, excesos… que hacen recuento de la vida infantil perdida entre los saberes del inconsciente y los estragos de la pulsión.

 

NOTAS:

(1) En un repaso rápido el listado va desde los avances en los derechos humanos, el inicio de la comercialización de la píldora anticonceptiva, la publicación del texto de Richard Neustadt Presidential power, la subida al poder de Kennedy rodeado de universitarios brillantes para desarrollar una política inspirada en La Alianza para el Progreso y la descolonización y la emancipación de grandes regiones del planeta, pasa por J.C.R. Licklider y su libro Simbiosis Hombre-Computadora que sienta las bases de internet y la eliminación de cualquier autoridad central en la circulación de la información, hasta la guerra del Vietnam con sus consecuencias en psicopatología –ataques de pánico, trastornos de la personalidad…-, en estrategia y táctica militar –las condiciones del entorno natural, posiciones aerotransportadas, enemigo invisible…-, en la producción de ingenios y bienes promovidos por la apetencia insaciable del complejo industrial-militar o en economía –abandono por parte de Nixon del tratado de Bretton Wood para aligerar el déficit de los presupuestos estatales... Y termina con las protestas estudiantiles del 68 y la crisis del orden universitario.

 

* Conferencia de Clausura del VIII Symposium de los Grupos de Investigación del Seminario del Campo Freudiano de Bilbao que, con el título “Infancia y juventud bajo control”, fue celebrado en Bilbao el 15 de junio de 2012

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