Las condiciones del otro

Carmen Grifoll y Victoria Vicente (1)*

Con la pregunta ¿qué es el Inconsciente? que Lacan formula en su texto La equivocación del sujeto supuesto al saber, iniciamos el trabajo del curso 2011-2012, del Grupo de Investigación el niño en el discurso analítico de Barcelona. La lectura de textos y la presentación de viñetas clínicas ha sido la forma de trabajo que hemos adoptado en cada una de las reuniones.

Durante nuestras sesiones de trabajo, y en las discusiones clínicas nos formulamos la pregunta siguiente:

Los adultos, ¿qué referencia son para los niños?, es decir, ¿qué tipo de Otro se hace patente para la infancia y adolescencia en la actualidad?

El reciente estreno de una película, El profesor Lazhar, nos ha servido para plantearnos diversas cuestiones.

Sin entrar a relatar la película, la acción se sitúa en una clase de primaria de niños de 10 años, en una escuela de Montreal, que reciben a un nuevo profesor, de origen argelino, tras la muerte “traumática” de su profesora titular. La película nos muestra el modo particular de abordar los adultos con los niños temas de importancia como la educación, el dolor, la muerte, la sexualidad y la culpa.

De algún modo, El Profesor Lazhar nos plantea, de un modo delicado, una respuesta a las condiciones actuales de lo traumático, ese traumático cuyas características dependen íntimamente del Otro en tanto que este está llamado a responder.

Las condiciones actuales del Otro son las que queremos abordar con tres puntos:

1.- Domesticar el trauma

La dimensión de lo horroroso se introduce a través de la mirada de un niño y una niña. Estos dos niños se encuentran con la visión de su profesora colgada en la clase que, como acontecimiento traumático, supone un encuentro con un real que no está separado de las historias que lo envuelven.

Ante este suceso veremos en la película diferentes respuestas y modos de proceder de los adultos que están a cargo de los niños.

Encontramos respuestas del lado de las buenas intenciones: hay que seguir la clase, no se aceptan expresiones del dolor, del malestar y se rechazan los abrazos. Una interdicción: “no hay que hablar de lo sucedido, hay que proteger a los niños”.

Normativas, convenciones políticamente correctas que establece la dirección del Centro y que como defensas, sirven de soporte para tapar miedos, complejos y fundamentalismos ideológicos.

Medidas de control que vienen al lugar donde el adulto cede en sus funciones y tratan de esconder esa parte de “no saber” frente a lo imposible de tratar, propia del ser humano.

Actitudes “higiénicas” (conservación de la Salud, preveer enfermedades) que nos muestran una deshumanización de la educación, una falsa protección de la infancia, temas de actualidad, cuando en realidad son los adultos que se protegen de lo que no pueden hacer frente y de su propio desconocimiento.

Quien se protege y de que se protegen?, nos podemos preguntar.

La película nos muestra, y esto es lo que nos lleva a la reflexión, un intento de domesticar el trauma, de reducirlo a lo homogéneo, “como si no hubiera existido”.

El psicoanálisis frente a lo homogéneo propone un tratamiento diferente de los acontecimientos con los que niños y adolescentes pueden encontrarse.

Por tanto no se trata de compadecer a los niños, de protegerlos, sino de saber hacer con, de dar las condiciones para afrontar las preguntas propias de estas edades que permitan a cada uno realizar la experiencia de un duelo, encontrar respuestas a la pregunta sobre la muerte, las pérdidas, que tarde o temprano los niños deberán afrontar y procurar los instrumentos que posibiliten a cada uno una cierta elaboración de lo sucedido. Se trata de poner palabras y poder acompañarles.

¿Acaso no nos enseña el psicoanálisis que lo que se quiere limitar retorna en sus diferentes formas y en ocasiones de forma muy violenta?

Construir sus propias ficciones y sus respuestas estará del lado de los niños.

Podemos pensar que una de las condiciones actuales del Otro da cuenta de la dificultad de alojar esta parte no evaluable, heterogénea, que escapa a las cifras. Ahí el control puede aparecer.

2.- Curar el trauma por lo común. Para todos

Una escena de la película nos muestra lo que unos padres le dicen al nuevo profesor “Vd. dedíquese a enseñar no a educar a nuestra hija”. Refleja bien como el saber aparece separado de la subjetividad.

Dos formas de abordar el duelo:

- 1.- El profesor que con su hacer, a través de pequeñas cosas, realizando movimientos en el espacio de la clase confronta a cada niño con el efecto que ha tenido el acto suicida. Así, pide a sus alumnos que coloquen los pupitres en línea recta, les pide silencio, hace dictados…, con diferentes métodos ayuda a poner palabras a lo sucedido y nos enseña el valor de alguien que cree en lo que hace, su deseo imprescindible en el hacer educativo. Es alguien que acepta su parte de no saber y de alteridad respecto al otro, para extraer, como el mismo señala, “lo mejor de cada alumno”. “Hay que dejarles expresar los sentimientos”, dice. Dejar expresar es abrir la posibilidad de restaurar algo e integrar el horror por lo sucedido.

- 2.- La psicóloga que, entrando en la clase y haciendo salir al profesor, nos muestra con su acción, un todos igual, un todos afectados. Es desde la vertiente de la identificación que propone abordar lo sucedido.

Pero, un alumno manifiesta un comportamiento diferente. Se trata de uno de los niños protagonistas de la película, Simón, que muestra un comportamiento agresivo, manera de nombrar el comportamiento de este niño que se muestra difícil frente a los adultos. Es entonces cuando podemos apreciar cómo, en ocasiones, los protocolos y las guías, como formas de objetivar los comportamientos, si bien pueden cumplir una función, se aplican con el fin de objetivar las conductas y comportamientos de los sujetos, dando valor a los “signos” pero sin tener en cuenta el modo de respuesta particular de cada uno y el valor del síntoma.

¿Qué visión desde el psicoanálisis, qué lectura?

En el trabajo de grupo de este curso hemos podido ver como el analista no se sitúa en el lugar de saber, no pone sus palabras sino que ayuda a poner palabras a lo que sucede.

Así el analista viene a ocupar un lugar supuesto saber, on, -modo en que J. Lacan introduce al analista en el texto trabajado. Entonces con los niños no se trata ni de las buenas intenciones, ni de la pastoral sino de ocuparse de la particularidad.

3.- Una serie

La niña lee en voz alta una redacción, habla de la profesora y de lo sucedido.

Esto provoca una explosión y Simón empieza a poner sus palabras frente lo sucedido. Manifiesta el sentimiento de culpa que muestra con su comportamiento agresivo, a falta de poder poner palabras.

Podemos decir que a través de la palabra, de uno en uno, haciendo serie, los niños que quedaron petrificados bajo la visión del horror, pueden separarse. De este modo pueden dejar de incluirse ellos mismos en la escena, y poco a poco, lo que padecieron pasivamente les retorna en su valor de deseo y de goce.

Podemos pensar que, una de las formas actuales del Otro en el modo de abordar las pérdidas es, no permitir que emerja que es lo que se perdió de cada uno perdiendo al Otro. Aquello que el Otro ha sido para nosotros y lo que hemos sido para el otro solo puede responderse a nivel inconsciente.

La película entonces ejemplifica como, en la vida de los niños, falta en ocasiones alguien que facilite el poner palabras. El niño en tanto que permanece a cargo del Otro, el lugar de objeto le está destinado desde el principio, es por esa razón que los otros con facilidad hablan por él.

Pero es J. Lacan el que nos muestra como el niño es analizante de pleno derecho, responsable de sus hechos y portador de la palabra.

Se requiere entonces que alguien acoja su palabra o, incluso, que ayude a hacer un síntoma, dando elementos para que el niño lo pueda construir.

¿Cuál es el vínculo entonces entre el adulto y el niño?

Quizás para concluir, podemos apuntar que existe una oscilación constante en el discurso actual : o todos los niños son culpables y aparece la infancia bajo control, o los niños son víctimas y se ejerce un discurso moral. El psicoanálisis propone el tratamiento de la Infancia de forma diferente y en ello está comprometido desde el principio.

 

NOTAS:

(1) Grupo de Investigación sobre el Niño en el Discurso Analítico, Barcelona

 

*Trabajo presentado en el VIII Symposium de los Grupos de Investigación del Seminario del Campo Freudiano de Bilbao que, con el título “Infancia y juventud bajo control”, fue celebrado en Bilbao el 15 de junio de 2012

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