Totó, el niño de la luna se pone al trabajo

Grupo de Investigación sobre Psicoanálisis y Prácticas Educativas, Bilbao (1)*

El curso pasado iniciamos nuestro trabajo bajo el título “La posición de alumno para los niños autistas”. Una de nuestras tareas consistió en estudiar las condiciones educativas para que el niño con autismo consienta en ocupar su lugar de alumno en la escuela y constatamos que, en muchos casos, cuando recibíamos a estos niños aún no estaban en posición de sujeto construido; se encontraban muy lejos del lazo social y de la entrada en los aprendizajes. Su recorrido era mucho más largo.

Este curso hemos orientado nuestro trabajo partiendo de este límite que nos plantea la propia estructura, analizando las bases sobre las que el educador, orientado por el psicoanálisis, ha de construir sus intervenciones para conseguir que el niño autista consienta a ocupar la posición de alumno para poder acceder a los aprendizajes.

Retomamos la pregunta con la que finalizamos el curso pasado, a través de las palabras de Martín G. Egge: ¿Cómo puede un educador cumplir con su tarea respetando las exigencias del niño psicótico, es decir, cómo ocupar una función que permita al niño psicótico estar protegido de su Otro perseguidor?

Para contestarla hemos trabajado cuidadosamente y a lo largo del curso el artículo “La función de los educadores en la Antenne” publicado en la Revista de Psicoanálisis del CFBI.

En dicho artículo se nos advierte de dos necesidades previas al trabajo educativo:

La primera, comprender que estos niños, con sus estereotipias, con sus movimientos, con sus gritos, no cesan de trabajar para pasar de su posición de objeto a la de sujeto. Pero que no llegan a ello. Ellos solos no llegan a ello. Es preciso que encuentren “acompañantes” que recojan esta elaboración de saber que puede entonces suplir a esta no-separación, descompletar el todo saber del Otro mediante un saber particular que tiene su significación particular para ese niño y no para otro.

Y es desde ahí que surge la segunda necesidad, la de acompañar a los niños psicóticos en su invención singular, localizándose desde ahí la función de los educadores.

¿Cómo ejercer esta función de acompañamiento para que el niño pueda encontrar algunos momentos como sujeto?

El niño psicótico sabe, sabe sobre sí, sabe que el Otro del que no puede separase lo sabe todo, lo puede todo. Entonces, los acompañantes-educadores no podrán ocupar ese lugar de Saber sobre el niño y por el niño, sino que, entre sus condiciones de educadores, estará Saber, no sobre el niño, pero sí sobre el sujeto que hay bajo las estereotipias, los gestos repetitivos, los gritos reiterados…que ya trabaja tratando de articular su construcción.

Viñeta

X es un niño de 10 años, sin lenguaje oral, diagnosticado de autismo en Educación Infantil y que cursa cuarto de primaria.

Hasta el curso 2010-11 ha estado en el aula ordinaria, acompañado siempre de una Especialista de Apoyo Educativo y saliendo al Aula de Apoyo a trabajar de forma individual con la especialista de Pedagogía Terapéutica 8 sesiones semanales.

Al finalizar el curso, el equipo docente decide que X ya no tiene cabida en el aula ordinaria porque se encuentra muy lejos del currículo ordinario y muestra con su actitud un malestar muy grande, agrediéndose, gritando y mostrando muy poco o ningún interés por trabajar.

A partir de esta lectura, los especialistas en Educación Especial diseñan una nueva manera de hacer posible que X permanezca en el centro, apostando por un nuevo modelo de educación inclusiva.

Así se organiza para este curso 2011-12 una nueva aula para dos alumnos de necesidades educativas especiales, X y H, que responda a las particularidades de cada uno, al tiempo que se mantiene la escolarización en su aula ordinaria de referencia en música, educación física y talleres.

La programación del trabajo en esta nueva aula también tiene en cuenta a los demás alumnos del centro con los que X se relaciona.

Se plantean salidas sistemáticas fuera del centro que requieren de actividades previas como elegir medio de transporte, hacer lista de compra, etc y talleres diversos (de cocina, de reciclaje…)

Además, diariamente en la primera sesión de la mañana se recuerdan y anticipan las actividades a llevar a cabo a lo largo del día (el calendario, el tiempo, el menú…)

En un principio, X no muestra mayor interés por trabajar que el que mostraba hasta entonces, pero sí se muestra más tranquilo.

Poco a poco el trae al aula elementos que despiertan su interés van y que se van incluyendo en la programación. Primero la luna, a la que él llama “Toto” y que busca en el cielo, va a formar parte del tiempo del día que se trabaja por las mañanas (llueve, hace sol, se ve la luna). Con él se buscan fotos de la luna en el ordenador, se imprimen, se plastifican y se pegan en las paredes.

X disfruta buscando en el ordenador, es otra forma de trabajar que va aumentando sus intereses: himno del Athletic, los balones, logos de Adidas, el metro, tendederos de la ropa...

Después empieza a usar la escritura, copiando en el ordenador las palabras de lo que quiere buscar y que se le dan escritas en papel.

Como el taller de cocina no le gusta mucho se le reduce el tiempo en favor del de las salidas en las que disfruta muchísimo.

Es a partir de ofrecerle un espacio y un tiempo, es decir, un lugar, que X ha cambiado en el aumento de sus intereses y en la introducción de la queja mediante la palabra.

Así ahora es capaz de decir no cuando no quiere hacer algo, con lo que se ha reducido bastante su queja a través de estereotipias y gritos. Igualmente accede cada vez mejor a aquellas actividades que no son de su gusto porque sabe que después tendrá un espacio que le gusta como es el ordenador.

Como hemos comprobado, el niño es el único en saber por sí mismo y tiene derecho a ser creído, por lo que los educadores deben atenerse dócilmente a su iniciativa, a su cálculo, a sus tiempos y a los lugares que él elija para realizar su construcción.

Los educadores no tienen que saber de antemano que construcción, que elaboración conviene a X.

Se confecciona un espacio y unos tiempos con variedad de talleres. Diferentes alternativas con diferentes acompañantes en ellas, para que X pueda realizar otros trabajos y se toma buena cuenta de los pequeños indicios de interés que muestra. Porque su interés por aprender no nace del vacío, sino que resulta de las opciones que se le ofrecen. El educador se coloca a la espera, pero acompañándole, atento a los pequeños detalles, a la escucha de las sorpresas que vienen del niño.

  • El lazo social se va instalando poco a poco. Ha comenzado al interesarse por el mundo de las letras, copiando palabras que luego busca en el ordenador, imprimiéndolas, plastificándolas y colgándolas en la pared.
  • Se instaura el aprendizaje espacio-temporal al buscar lugares donde colocar sus producciones.
  • Va ampliando el repertorio de sus búsquedas.
  • Aparece el lenguaje oral con la aparición del no y el lenguaje escrito de copiado.
  • Ahora X no precisa auto agredirse, ni entrar en una crisis de agitación porque tiene una posición que le permite enunciar un no y con el no posibilidades para otros síes.

X está puesto al trabajo, se muestra aplicado, con ganas de aprender y de separar lo que quiere y no quiere aprender. X sabe lo que quiere. Sus gritos van desapareciendo y las estereotipias van cediendo.

En la actualidad consiente a actividades de aprendizaje más escolares porque quiere aprender aunque a veces no le gusten mucho. Así hay ratitos para lo que le gusta y ratitos para lo que no le gusta.

Podríamos decir que X está en el trabajo educativo “a su manera”.

Se han empezado a dar las condiciones educativas para que X, un niño con autismo empiece a consentir ocupar su lugar de alumno

 

NOTAS:

(1) Integrantes: Lurdes Agirregomezkorta, Marta Beaskoetxea, Itziar del valle (Lectora), Marisabel. Gomez, Marije Palacios, Mikel Rey, Beatriz Tomey y Maria Verdejo (Responsables)

 

* Trabajo presentado en el VIII Symposium de los Grupos de Investigación del Seminario del Campo Freudiano de Bilbao que, con el título “Infancia y juventud bajo control”, fue celebrado en Bilbao el 15 de junio de 2012

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